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Opinión | El espejo de tinta

Sindicatos: transformarse o desaparecer

OPINIÓN | De las estructuras institucionales que conforman la democracia liberal, la más obsoleta en España es la sindical

Manifestación del Primero de Mayo en Zamora.

Manifestación del Primero de Mayo en Zamora.

De las estructuras institucionales que conforman la democracia liberal, la más obsoleta en España es la sindical. No solo es que su representatividad real esté bajo mínimos como vemos, aunque sea mera anécdota, cada año en las menguantes manifestaciones del primero de mayo a las que no acude ni una mínima parte ya no de sus afiliados sino de los representantes sindicales en empresas y centros de trabajo.

Lo cual, en abstracto, no es algo bueno, porque los sindicatos fueron elemento esencial a partir de la revolución industrial y durante buena parte del siglo XX para la conformación del equilibrio en el mercado de trabajo entre quien contrata y quien es contratado. Pero después de la radical transformación tecnológica de la información y el conocimiento, e inmersos como estamos en el gran salto al universo de la inteligencia artificial, que le va a dar la vuelta a todo como a un calcetín, seguir anclados en formas y principios del XIX resulta insostenible. Salvo para quienes no piensan en las necesidades y oportunidades a medio plazo sino que se conforman con mantener su consolidada situación personal de privilegio, durante el tiempo suficiente como para no tener que volver a trabajar en algo que no sea la presunta representación de sus "compañeros".

En los mercados laborales contemporáneos, más dinámicos y fluidos, el trabajador individual necesita cada vez menos al intermediario eficaz que en muchas ocasiones ha sido el representante sindical y, sobre todo, se ve libre de los intereses del cacique que con frecuencia ha utilizado la fuerza de los trabajadores para medrar y aprovecharse personalmente. Si además, como ocurre de manera escandalosa e insultante en la España de los últimos años, el sindicalismo se ancla servilmente a la utilización partidista, caiga quien caiga y llueva lo que llueva, es inevitable el divorcio con la que debería ser la base social a la que servir y no de la que aprovecharse o a la cual vender.

Si lo entienden, se adaptarán. Si no implosionarán y desaparecerán. Ni siquiera está claro que para lo primero estén a tiempo, si es que aún existen.

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