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Opinión | Siete días y un deseo

Currantes, sí, y a mucha honra

OPINIÓN | El empleo y unas condiciones laborales dignas resultan esenciales no solo para quienes trabajan, sino también para quienes viven de una pensión o dependen de los servicios del Estado del Bienestar

Manifestación del Primero de Mayo en Zamora.

Manifestación del Primero de Mayo en Zamora.

El viernes participé en la manifestación del Día Internacional de los Trabajadores, conmemoración del movimiento obrero mundial. Mientras pueda y mantenga intactos mis ideales, seguiré saliendo a la calle. En primer lugar, porque desde que era un chaval me considero un currante; en segundo, porque me identifico plenamente con el significado de esta jornada: una fecha utilizada para reivindicar mejores condiciones sociales y laborales en defensa de las clases trabajadoras en la mayor parte del mundo. Sin embargo, el Primero de Mayo es mucho más, y conviene recordarlo aunque incomode. Porque si no mejoran el empleo, la productividad y la competitividad de empresas, autónomos y sector público, el bienestar y la calidad de vida del conjunto de la sociedad acabarán deteriorándose.

Conviene no olvidarlo: el bienestar social no cae del cielo. El empleo y unas condiciones laborales dignas resultan esenciales no solo para quienes trabajan, sino también para quienes viven de una pensión o dependen de los servicios del Estado del Bienestar: sanidad, educación, servicios sociales, dependencia o ingreso mínimo vital. Sin empleo, no hay cotizaciones sociales ni suficientes ingresos tributarios; sin esa aportación colectiva, la hucha pública se resiente. Y cuando mengua, sostener las legítimas demandas ciudadanas se vuelve mucho más difícil, incluidas las de quienes, sentados en los bancos de la calle Santa Clara, observaban con ironía o criticaban en voz baja a quienes portaban banderas sindicales o denunciaban la discriminación salarial entre hombres y mujeres.

A esas personas les expliqué que sus pensiones mensuales se pagan gracias a los currantes actuales; que si la hucha no tiene pasta, el problema está servido. Como no estaban de acuerdo, les recordé que ese es el efecto del sistema de reparto, modelo previsional basado en la solidaridad entre generaciones, donde las cotizaciones de los trabajadores activos se utilizan directamente para financiar las pensiones de los jubilados actuales; si al trabajador actual le va mal, el pensionista corre peligro. Por eso, insistí, en vez de estar sentados mirando a los currantes, habría estado bien que se levantaran para acompañar a quienes salen a la calle a reivindicar derechos laborales dignos. Y si a ello se añaden nuevas reivindicaciones, como el acceso a la vivienda, sería aún mejor.

Pero el Primero de Mayo también debe servir para recordar de dónde viene. Esta fecha rinde homenaje a los Mártires de Chicago, sindicalistas ejecutados en Estados Unidos tras participar en las huelgas de 1886, cuando miles de trabajadores reclamaban una jornada laboral de ocho horas. La protesta de Haymarket terminó en violencia, represión y un juicio sin garantías. En 1889, el Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional, reunido en París, instituyó el 1 de mayo como jornada anual de reivindicación.

En resumen, ser currante es el motor que sostiene buena parte del sistema social. Porque defender el trabajo digno no es solo proteger a quienes hoy sostienen el país, sino garantizar el mañana de todos: niños, mayores, trabajadores y pensionistas. Por eso existe esta fiesta: para recordar de dónde venimos y decidir con claridad hacia dónde queremos llegar.

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