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Opinión | La mirilla

El boom (o el fin) de los agitadores

Mientras en España hay quien se dedica a dar bombo y a ensalzar a agitadores ultraderechistas como el propio Alvise o a su secuaz Vito Quiles, en Europa ha quedado claro que hay situaciones que no se pueden permitir. Y que el Parlamento no es, ni mucho menos, un lugar que se pueda utilizar con muro de contención.

El eurodiputado y líder de Se Acabó La Fiesta (SALF), Luis 'Alvise' Pérez, a su llegada al Tribunal Supremo, a 5 de junio de 2025, en Madrid (España).

El eurodiputado y líder de Se Acabó La Fiesta (SALF), Luis 'Alvise' Pérez, a su llegada al Tribunal Supremo, a 5 de junio de 2025, en Madrid (España). / Alberto Ortega / Europa Press

Esta misma semana, el martes 28 de abril para ser exactos, leía una noticia que creo que merece la pena destacar, pero que no ha tenido (desde mi punto de vista) toda la repercusión que se merece: el Parlamento Europeo retira la inmunidad a Alvise Pérez como pedía el Supremo para juzgarle por acoso. Una decisión que se ha tomado por la mayoría de los eurodiputados que, además, han votado a mano alzada.

Mientras en España hay quien se dedica a dar bombo y a ensalzar a agitadores ultraderechistas como el propio Alvise o a su secuaz Vito Quiles, en Europa ha quedado claro que hay situaciones que no se pueden permitir. Y que el Parlamento no es, ni mucho menos, un lugar que se pueda utilizar con muro de contención.

Los agitadores ultra, que ahora parece que están de moda, se creen que están por encima de todo y que pueden acosar a cualquiera libremente. Son los reyes de los bulos y de las fake news, y como sociedad algo debemos de estar haciendo mal cuando miles de personas los siguen y hasta los veneran, defendiéndoles como si su vida dependiera de ellos.

La Asociación de Periodistas Parlamentarios pidió hace meses que le fuera retirada la credencial a Vito Quiles como periodista en el Congreso. Me hace gracia que él mismo se autodenomine periodista cuando básicamente su día a día podría servir de ejemplo de todo lo que no hay que hacer, ni como profesional de la comunicación ni, incluso, como persona normal.

Pero por fin los agitadores se están empezando a sentar en los juzgados para rendir cuentas por unos comportamientos con los que se contradicen a sí mismos, porque con todo lo que dicen y hacen atacan directamente a eso que tanto defienden: su amada España, sus derechos y sus libertades.

Es una gran noticia que Alvise Pérez ya no tenga inmunidad para estar en el banquillo de los acusados. Ojalá la pena que imponga el tribunal marque jurisprudencia y comience, de una vez, el principio del fin de esta nueva (y penosa) moda.

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