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Opinión

Esperpento

Pero para aquellos que aún no hayan caído en un ejemplo que como pocos reúne todos los atributos del esperpento les voy a dar un nombre que es un claro prototipo: Donald J. Trump y su cohorte

Trump califica la guerra en Irán como una "pequeña intervención" que está por terminar

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No se preocupen mis lectores, no les voy a hablar de la estética de Valle-Inclán y eso que, en los tiempos que corren, bien que nos vendría su pluma irónica y ácida para sobrevivir a los acontecimientos. Eso sí, mi condición de filólogo me lleva a mimar los significados de las palabras, sobre todo cuando están destinadas a señalar el comportamiento de otros y máxime si estos comportamientos me parecen deleznables, censurables y denunciables, porque, frente al ruido que hacen quienes tienen esos comportamientos, frente a los medios que tienen para difundir urbi et orbi sus palabras y hechos lanzados como dardos contra quienes no piensen como ellos, al resto de los mortales nos queda al menos la denuncia de los mismos.

Las redes sociales no han generado un mayor número de personajes esperpénticos, simplemente les han dado un altavoz de extensión mundial para mostrar a las claras su verdadera condición, la de ser unos esperpentos: groseros o estrafalarios, define la RAE. Pero ya aprendimos leyendo La destrucción o el amor, de Vicente Aleixandre, que la conjunción "o" no tenía por qué ser excluyente, sino sumatoria, de manera que estos personajes no es que sean lo uno o lo otro, sino que lo son todo y a la vez. Vamos, que son groseros y estrafalarios.

Estoy seguro de que a quien me esté leyendo le habrá venido a la cabeza algún conocido, incluso personaje púbico, al que adjudicarle el término de esperpento. Pero para aquellos que aún no hayan caído en un ejemplo que como pocos reúne todos los atributos del esperpento les voy a dar un nombre que es un claro prototipo: Donald J. Trump y su cohorte. Y ya anticipo que no se trata de un insulto, sino de una definición.

El actual presidente de los EE UU es un esperpento, porque es grosero y estrafalario. Llama cerdita a una periodista que le incomoda, dice que hay estados que le besan el culo, exige que le den el Nobel de la Paz, recibe los primeros cadáveres de militares con una gorra blanca como si estuviese viendo un espectáculo de lucha libre y se disfraza mediante la IA de Papa o de Jesucristo y, por si fuera poco, justifica este último esperpento diciendo que en realidad él se ve como un médico de la Cruz Roja, con un par y, a la par, nos considera a todos imbéciles.

Como suele ser habitual, este tipo de personajes se rodean de acólitos que, lejos de llamarles a la prudencia, les redoblan la apuesta, no vaya a ser que el gran líder les aparte de su corte. Y ahí está el vicepresidente J.D. Vance, mediocre novelista, por si no lo sabían, y recién convertido al catolicismo en 2019, que se atreve a decir hace unos días que el Papa León XIV "debería tener más cuidado cuando habla de teología". Ahí es nada. En siete años de católico, Vance hace recomendaciones teológicas al mismísimo Papa. Y qué decir de Pete Hegseth, secretario de Guerra de EE UU, que pasa como una cita bíblica un fragmento de Pulp Fiction, película de Tarantino.

Quod natura non dat, Salmantica non praestat (Lo que naturaleza no da, Salamanca no presta). Desde luego, la naturaleza no dotó a Trump, ni a sus fieles, de contrapesos a sus actuaciones esperpénticas. Es más, dudo mucho que la prestigiosa universidad salmantina les hubiese permitido ni atravesar su fachada plateresca. Pero para los que aún no he encontrado una palabra es para todos aquellos que, incluso sin ser americanos, de manera explícita, o con sus silencios, aplauden, admiran, siguen y justifican los comportamientos del esperpento que es Trump, y lo hacen incluso cuando los actos del presidente atentan de manera frontal contra sus pensamientos y creencias más profundos.

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