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Opinión

Castilla y León necesita cuanto antes un Gobierno estable

Vox mantiene capacidad de presión y el PP busca evitar nuevas elecciones, lo que genera un equilibrio frágil

Alfonso Fernández Mañueco y Carlos Pollán conversan al término del pleno de constitución de las Cortes.

Alfonso Fernández Mañueco y Carlos Pollán conversan al término del pleno de constitución de las Cortes. / José Luis Fernández

Castilla y León necesita tener cuanto antes un gobierno que eche andar con estabilidad y un reparto de consejerías acorde a las necesidades de la comunidad más extensa de todo el país y más afectada por problemas como la despoblación. En las últimas elecciones autonómicas, Mañueco quedó encumbrado como el barón territorial capaz de frenar el auge de Vox tras lo ocurrido en Extremadura y Aragón, además de ganar en votos y en escaños. Con los comicios andaluces en el horizonte y las municipales cada vez más cerca, urge que los partidos con capacidad para formar gobierno antepongan los intereses de Castilla y León a cualquier otra circunstancia.

El pacto entre Guardiola y Vox para la investidura de la presidenta extremeña a menos de medio mes de agotarse el plazo legal y tener que repetir las elecciones desbloquea uno de los tres acuerdos pendientes en las autonomías. En Aragón la noticia ha tenido una reacción inmediata y todo apunta a que el avance con los de Abascal será muy parecido al de Extremadura, aunque con Vox intentando sacar mayor peso político en una negociación ya avanzada y con una fecha límite, el 3 de mayo. Situación bien distinta es la de Castilla y León. Con el calendario delante y desde un punto de vista estrictamente legal no existe tanta premura para elegir presidente y formar gobierno, con hasta dos meses de margen desde el primer intento de investidura si no se consiguiese. Ese, el precio del pacto, es el que hay que solventar lo antes posible por el bien de todos los habitantes del territorio. De momento, y mientras que el secretario nacional de Vox, Ignacio Garriga, apunta a que "la música" de lo sellado en Extremadura será la que suene en Aragón y en Castilla y León, Mañueco tan solo confirma que habrá "contactos informales" en los próximos días y que el pacto extremeño "no influye" en su comunidad autónoma.

Tras las elecciones del 15 de marzo esta misma semana se producía una seña inequívoca de que el diálogo entre los dos partidos de la derecha avanza. Ambas formaciones emitían un comunicado conjunto para anunciar que Vox apoyaría la elección de Francisco Vázquez como presidente de las Cortes, con lo que por primera vez en siete años (en gobiernos primero con Ciudadanos y luego con Vox) los populares recuperan este puesto, el de segunda autoridad del Parlamento. Eso sí, el acuerdo de Gobierno no está cerrado y de momento el pacto es solo institucional y no de Ejecutivo. Aquí pesa el antecedente de la ruptura de 2024, que mostró los límites de la coalición. Vox mantiene capacidad de presión y el PP busca evitar nuevas elecciones, lo que genera un equilibrio frágil. Pero para la población todo ello implica retrasos en decisiones clave y políticas condicionadas por negociaciones constantes.

Una vez que las urnas han hablado es responsabilidad del partido más votado y de su candidato, el PP de Mañueco, formar un gobierno estable con diálogo y con consejerías dirigidas por hombres y mujeres que antepongan siempre su vocación de servicio público. Cualquier otra maniobra no se entendería, ni por los ciudadanos que han depositado su confianza en el PP como los que lo han hecho en Vox

Una vez que las urnas han hablado es responsabilidad del partido más votado y de su candidato, el PP de Mañueco, formar un gobierno estable con diálogo y con consejerías dirigidas por hombres y mujeres que antepongan siempre su vocación de servicio público. Cualquier otra maniobra no se entendería, ni por los ciudadanos que han depositado su confianza en el PP como los que lo han hecho en Vox. Desde los dos partidos se ha lanzado un mensaje unificado, y es que el acuerdo para nombrar presidente de las Cortes incluye una legislatura estable. Los de Abascal, como ocurrió hace cuatro años, pondrán sobre la mesa duras exigencias y sería ingenuo pensar que Vox entrará en el nuevo Gobierno con menos peso político y de gestión que en el anterior, donde presidía las Cortes, ostentaba la vicepresidencia del Gobierno y controlaba tres consejerías.

El PSOE de Carlos Martínez, a pesar de haber conseguido más que salvar los muebles al romper la mala racha de su partido en anteriores comicios y subir dos escaños, hasta los 30 procuradores, está condenado a ejercer la oposición en la próxima legislatura sin horquilla a su izquierda tras la desaparición de Podemos, que queda fuera del hemiciclo por primera vez desde su llegada en 2015, al igual que Ciudadanos. También esa es una gran responsabilidad como contrapeso y control al Gobierno. Esta tierra merece gran altura de miras por parte de la clase política y que comience un nuevo ciclo con la máxima estabilidad y garantías en todas las áreas de gestión pública.

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