Opinión | ZAMOREANDO
A lo grande
"El coste de la vida sigue en aumento y el acceso a una vivienda es cada vez más complicado"

Clientes en una de las terrazas de un bar de la capital. / Archivo
En viendo los llenos absolutos en bares, restaurantes, terrazas, hoteles y conciertos, es imposible pensar que los españoles estemos atravesando por momentos difíciles debido a la carestía de la vida. Toca vivir y disfrutar como si no hubiera mañana. A lo mejor no hay para pan, pero si para birras y para socializar, lo cual es muy bueno para la salud mental y física de los seres humanos, según los expertos en estas cuestiones.
El fenómeno del consumo es el premio de consolación para los jóvenes que se quejan porque no pueden independizarse de sus padres, ya que no les llega para comprar y ni siquiera para alquilar un piso. El coste de la vida sigue en aumento y el acceso a una vivienda es cada vez más complicado. Sin embargo, la autoridad competente sigue sin crear promociones de pisos de protección oficial que dieran satisfacción a los más jóvenes y a todos aquellos que, aun trabajando, lo exiguo de su nómina no les permite alardes. Tantos terrenos baldíos como hay en todas las ciudades y ni una sola administración hace nada por darles vida construyendo pisos de protección oficial.
Visto lo visto y sabiendo que un día, puede que no muy lejano, nos pueden borrar del mapa de un pepinazo que puede llevar las iniciales de Putin, de Trump, de Netanyahu, de Xi Ying Pin o de los Ayatolás, la gente, sobre todo los jóvenes, han optado por disfrutar y gastar lo que tienen con los amigos o con la familia, preferentemente los primeros. Con los conciertos de los grandes de la música pasa lo mismo. Se agotan las entradas un mes antes de los conciertos. Ahí están Shakira y Rosalía como botones de muestra, por no citar a Pablo Alborán, Manuel Carrasco, Alejandro Sanz y tantos otros que siguen llenando como si en España todo fuera sobre ruedas. Y no.
¿Estamos ante una forma de consumismo o es otra cosa? Es otra cosa. Son ganas de vivir, de disfrutar, de no complicarse la vida. No tengo que recordarle lo que por un cuartucho de mala muerte piden algunos arrendadores. Para satisfacer la avaricia de unos pocos y mal vivir, la mejor solución es la casa paterna y a vivir que son dos días. Es una forma de vivir a lo grande siendo en realidad pequeños.
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