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Opinión | Buena jera

Fascinación y vergüenza

OPINIÓN | ¿Cuántos niños se podrían salvar con menos gastos bélicos?, ¿cuántos con la comida que tiramos? Hoy, Domingo de Resurrección, podríamos pensar en ello

Un avión israelí tira una bomba sobre Irán.

Un avión israelí tira una bomba sobre Irán. / ABIR SULTAN / EFE

Me imagino que somos muchos los que seguimos con el máximo interés los avatares de la nueva misión a la luna, la Artemis 2, que, por primera vez en la historia, conocerá la famosa cara oculta de nuestro satélite. Estos días, los medios de comunicación nos han facilitado todo tipo de detalles de esta fascinante aventura, cuyo fin, dicen los expertos, es instalar colonias humanas en la superficie lunar allá por el 2028, ni más ni menos. En las informaciones que nos llegan abundan los datos técnicos, las explicaciones científicas, los pormenores matemáticos, físicos y químicos, las reacciones de los astronautas… Estas puntualizaciones superan mis entendederas, pero sí me permiten abrazar la admiración hacia lo que puede hacer el ser humano, de su capacidad de progreso y del logro de metas en busca de un objetivo común. En este caso, y pese a las salidas de pata de banco de Trump, ha existido una gran colaboración entre la NASA norteamericana y la Agencia Espacial Europea. Han trabajado e investigado juntas para que Artemis 2 sea un éxito y permita acciones aun más ambiciosas como la llegada a Marte (con permiso de China que también anda metida en esta carrera).

Fascinación. Y, a la vez, vergüenza, oprobio. ¿Por qué? Estos días se han publicado dos noticias terribles, escalofriantes, de las de renegar del género humano, de esta sociedad. La más dura es la primera: "Cada cinco minutos muere de hambre un niño en el mundo". Sí, como lo leen. Echen algunas terroríficas cuentas: cada cinco minutos fallece de hambre en este universo tan avanzado una criatura menor de 28 días; o sea, 12 a la hora; 288 al día; 104.000 al año. La información procede del Grupo Institucional de la ONU para la Estimación de la Mortalidad en la Niñez, que también recoge otro dato más que inhumano: en 2024, murieron 4,9 millones de niños menores de cinco años "por causas perfectamente prevenibles". Es decir, según la ONU, se podía haber evitado esa mortandad, era "prevenible", pero nadie hizo nada, o se hizo muy poco, o se miró para otro lado, o añadan ustedes lo que quieran cuando hayan dejado de estremecerse, de llorar o de ver como les sangra el alma.

El segundo asunto vergonzante está muy relacionado con el anterior. La danesa Mette Lykde, responsable de una plataforma que conecta restaurantes y supermercados con consumidores para evitar el despilfarro de comida, acaba de declarar algo que, asimismo, pone los pelos de punta: "Tiramos alimentos por valor de un billón de euros al año". Si tenemos en cuenta que un billón es un millón de millones, echen ustedes las cuentas para calcular lo manirrotos que somos mientras en otras partes del mundo mueren de hambre y desnutrición tantísimos niños. La señora Lykde afirma que se derrocha el 40% de la comida y qué es imposible entender por qué suceden estas cosas ya que "producimos alimentos suficientes para todo el mundo y aun así cientos de millones de personas se acuestan con hambre". Producimos, a nivel mundial, comida suficiente, incluso para sobrar, pero… Falla el reparto, la solidaridad, el amor al prójimo (conviene recordarlo ahora que todos nos hemos dado golpes de pecho durante la Semana Santa mientras disfrutábamos de procesiones, vacaciones y gastronomía). Y hay que recordar también los ingentes gastos en armamento, en esas guerras que están destrozando países, economías y, ¡ay! vidas humanas. El mismo día que supe de las palabras de Mette Lykde, leí que Trump ha solicitado para su Ministerio de Defensa (que él llama de la Guerra) 1,5 billones de dólares (1,3 billones de euros), lo que supone un 40% más que el presupuesto actual. No me extraña que pida tanto. Solo los seis primeros días de la ofensiva en Irán le costaron a Estados Unidos 9.800 millones de euros sin contar traslado de tropas y otras menudencias.

¿Cuántos niños se podrían salvar con menos gastos bélicos?, ¿cuántos con la comida que tiramos? Hoy, Domingo de Resurrección, podríamos pensar en ello.

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