Opinión | Zamoreando
Hubo una vez
Hubo una vez, por lo menos hasta donde yo recuerdo, que nos empeñamos en decir que no había Semana Santa. Es verdad que Cristo volvió a Zamora, pero lo hizo en silencio, con mascarilla, tremendamente solo.

Procesión de La Esperanza - Semana Santa de Zamora 2026 / José Luis Leal / LZA
Hubo una vez, por lo menos hasta donde yo recuerdo, que nos empeñamos en decir que no había Semana Santa. Es verdad que Cristo volvió a Zamora, pero lo hizo en silencio, con mascarilla, tremendamente solo. Aquella vez no hubo desfiles procesionales, pero hubo Semana Santa. Es verdad que el teatro callejero permaneció vacío sin la representación escultórica de la pasión, muerte y resurrección de Cristo. Es verdad que hermandades y cofradías de Zamora celebraron el hecho religioso con multitud de celebraciones de puertas adentro de los templos de Zamora. Los actos de devoción no faltaron a su cita. Sólo que aquella vez, acudieron pocas personas. Estábamos en pandemia.
Fue una forma de celebrar la Pasión más recogida, más hacia los adentros, en definitiva, más íntima. Un poco menos de folclore nos puede hacer recapacitar sobre el verdadero sentido de esta celebración que algunos se empeñan en calificar de "hecho cultural", para restarle la trascendencia religiosa que tiene, la que en verdad importa, la que todos los años nos une y reúne en torno a las devociones personales de cada quien.
Hoy, me ha dado por recordar aquella vez. Con mucha tristeza porque ya se ha ido la que más quería, pero también con un poco de nostalgia y con gratitud hacia quienes hicieron posible que un maldito virus no nos robara la celebración más importante del año en nuestra ciudad. Hoy luce el sol, y la muerte se viste de esperanza en la resurrección de la vida. Hoy, como ayer, y también mañana; sí hay procesiones en Zamora. A Dios gracias.
Semana Santa es sinónimo de procesión, de calle, de pregón, de sonidos, de sabores, de aromas, de niños y de mayores, pero también es sinónimo de recogimiento, de plegaria, de introspección. Hoy, se me ha ocurrido que estamos en la obligación de recordar más que nunca y de orar por ellos, a esa generación de hombres y de mujeres, cuántos de ellos anónimos, que ayudaron a levantar España y, después de años de sacrificios, de lucha constante, se fueron en la más absoluta soledad, cuántos de ellos marcados por el estigma del triaje, en residencias y en hospitales.
Hoy mi pensamiento vuela hacia ellos. Hoy, mi pensamiento y mi corazón está con ellos como lo estuvo aquella vez.
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