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Opinión | Zamoreando

A la Hermandad San Alfonso

Poco se habla de este Vía Crucis procesional que lleva la friolera de 38 años celebrándose en Zamora en un ambiente de reflexión y silencio sólo roto por los sonidos de música sacra.

Viacrucis de los martires.

Viacrucis de los martires. / Cedida

A la Misión San Alfonso y al Coro San Alfonso van dirigidas estas humildes palabras de reconocimiento y gratitud. A ellos y solo a ellos, a todos y cada uno de sus componentes, debemos los zamoranos el Vía Crucis "Jesús, Rey de los Mártires" que todos los Domingos de Ramos, a eso de las nueve y media de la noche, recorre el casco histórico de la ciudad, en un ambiente sobrecogedor, silente y de recogimiento, como manda la tradición que se celebre y cumpla en Zamora.

Poco se habla de este Vía Crucis procesional que lleva la friolera de 38 años celebrándose en Zamora en un ambiente de reflexión y silencio sólo roto por los sonidos de música sacra, "constituyendo uno de los momentos en los que la Semana Santa de Zamora se abraza con mayor intensidad a la austeridad castellana más pura". Es la más hermosa y solemne forma de honrar a Dios nuestro Señor y al primer santo mártir nacido en nuestra ciudad, San Alfonso Rodríguez, cuya imagen nos contempla desde la placita del Seminario. San Alfonso es el origen de este Vía Crucis "Jesús, Rey de los Mártires", ya que su creación coincide con la canonización del misionero zamorano.

La Zamora antigua y señorial, cuajada de templos románicos y de "palomarcicos" monjiles que han ido desapareciendo con el paso de los años, será el punto de atención y de atracción de propios y extraños, el Domingo de Ramos, teniendo como lugar de partida uno de los conventos más queridos, el del Corpus Christi de sor Mercedes, en cuya iglesia reposa en su tránsito hacia el cielo una Virgen de leyenda.

Quiero pedir a los zamoranos y a los que no lo son, que no dejen de participar en este Vía Crucis, presenciándolo desde las aceras, como cuando pasan la Borriquita, o el Yacente o el Nazareno de San Frontis o la Virgen de la Soledad. Porque los momentos que se suceden son únicos y porque en cada uno de ellos están representados los mártires de todos los tiempos, los de antaño y los de hogaño, y porque el esfuerzo de sus organizadores da un resultado brillante, emotivo, espiritual, extraordinario.

Los itinerarios de la Semana de Pasión zamorana debieran recoger este hito que no puede ni debe pasar desapercibido. A sus organizadores, a todos, gracias por no desfallecer, gracias por hacer, en Semana Santa, más auténtica, religiosa y espiritual a Zamora.

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