Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Buena jera

El que espera desespera

Además, el problema es que cada vez encontramos, con razón o sin ella, más asuntos por los que desesperarnos y cabrearnos, tras una espera que se nos antoja, también con razón o sin ella, mínima, no ajustada a nuestra personalidad y a nuestros supuestos méritos.

Ciudadanos de Tel Aviv se refugian de las bombas de Irán en el párking del Dizengoff Center, uno de los centros comerciales más conocidos de la ciudad.

Ciudadanos de Tel Aviv se refugian de las bombas de Irán en el párking del Dizengoff Center, uno de los centros comerciales más conocidos de la ciudad. / MAGDA GIBELLI / EFE

Antonio Machado recogió este aserto en el poema XXX de "Proverbios y cantares". Escribió: "El que espera desespera,/dice la voz popular,/ ¡Que verdad tan verdadera!". El refrán antañón, la experiencia cotidiana y los versos del autor de "Campos de Castilla" no solo no han perdido vigencia, sino que se han acrecentado en esta época en la que nos pueden las prisas por todo y ante todo. No sabemos esperar y, por tanto, la desesperación es moneda de curso corriente, está a la orden del día. Además, el problema es que cada vez encontramos, con razón o sin ella, más asuntos por los que desesperarnos y cabrearnos, tras una espera que se nos antoja, también con razón o sin ella, mínima, no ajustada a nuestra personalidad y a nuestros supuestos méritos. Y todo ello suele llevarnos a un casi permanente estado de enfado y convicción de que la injusticia se ha cebado en nosotros. De ahí que miremos a los alrededores y veamos cosas insólitas, impropias de gentes que dicen pertenecer al género humano e, incluso, que parecen tener la religión por bandera. Tiempos, ¡ay!, de ese fariseísmo que denunció el Redentor que está a punto, un año más, de dar su vida por el prójimo.

En otras ocasiones, la espera guía nuestras vidas, especialmente porque la resolución no depende de nosotros; la decisión viene de fuera, pero, pase lo que pase, influye en nuestro devenir, marcará nuestro futuro. Ahora mismo, paréntesis de Semana Santa al margen, hay varias cuestiones que nos tienen (o deberían tenernos) el alma en vilo, que no nos dejan aciguar, como decía mi abuela. Empecemos por la más fuerte, dura y dañina: la guerra de Irán o del Golfo Pérsico o del Estrecho de Ormuz o como queramos llamarla. Esperamos una pronta solución, mas la tragedia se va alargando y alargando sin que sepamos qué es exactamente lo que piensa Trump, si es que piensa algo que no sea su ego y su soberbia pueril. Lo de Netanyahu sí lo sabemos: es el único que tiene claro lo que quiere y cómo alcanzar sus objetivos. Los iraníes también están en la cerrazón: defensa, ofensiva a base de drones y misiles y mantenimiento de un régimen dictatorial, sangriento y muy alejado de lo que predica el Islam ortodoxo y la rama chiita imperante allí.

El ataque coordinado, y sostenido, de Estados Unidos e Israel, ¿buscaba acabar con la teocracia de los ayatolás y restituir la libertad en la antigua Persia? Cada vez lo cree menos gente, ya ni los fanáticos de Trump. Cada vez está más claro que esa libertad se llama petróleo y dominio del mundo a través de las armas y de la economía. Economía, he ahí la clave de la desesperación de muchísimas personas. Esperamos una solución viable, pero solo nos llega la desesperación, vemos que todo se está complicando y que el equilibrio mundial se ha roto mientras han saltado hechos trizas el derecho internacional, las leyes, los acuerdos, el multilateralismo. Todo se ha reducido a los caprichos de don Donald.

Mucho más cerca, aquí en Castilla y León, la espera se llama negociación para formar el nuevo gobierno de la Junta. Tengo muy claro que PP y Vox se necesitan y que pactarán pronto. Mañueco necesita los votos de los de Abascal y estos quieren entrar en el Ejecutivo. ¿Cuántas carteras?, ¿la Presidencia de las Cortes como ya tuvieron desde el 2022? Veremos. Mal haría Mañueco si insiste en gobernar en solitario y depender desde fuera de los postulados de Vox, muchos de ellos infumables en una Democracia. Por cierto, y hablando de Vox, ¿cómo explicarán los señores Abascal y Pollán su no al Real Decreto de ayudas al combustible y al sector agrario al que dicen apoyar, proteger y etc., etc.? No los veo subidos a un tractor con una pancarta, pero cosas veredes hermano Sancho.

Volvamos a los contactos para formar el gobierno regional. Esperemos, pero, en este caso, sin desesperarnos. Habrá acuerdo. Y transigirá Mañueco más que los ultras. Don Alfonso no se imagina fuera del Colegio de la Asunción. Tiempo al tiempo.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents