Opinión
Prevención ante las desapariciones: urge proteger los pueblos
EDITORIAL | En un mundo digitalizado, resulta difícilmente comprensible que una persona pueda vivir y llegar a morir sin que su entorno se entere

Dispositivo de búsqueda de un hombre desaparecido en Limianos este pasado lunes. / Guardia Civil
Ángel Ferrero, zamorano de 84 años, desapareció el pasado lunes en Limianos cuando se encontraba solo en su casa. Sus hijos le echaron en falta de noche. Comenzaron la búsqueda por su cuenta, pero unas horas más tarde avisaron a la Guardia Civil para iniciar el dispositivo oficial. El anciano, con deterioro cognitivo y problemas de movilidad, fue encontrado al filo de las diez de la mañana tirado sobre una depresión del terreno donde había permanecido a temperaturas bajo cero. Por fortuna, se encontraba en buen estado de salud y pudo regresar con su familia. Este episodio con final feliz tiene todos los ingredientes de lo que está mal y de lo que está bien en torno a las desapariciones. En el lado positivo de la balanza, la eficacia de un servicio público cuya profesionalidad sirve para resolver el 90% de los casos en un corto espacio de tiempo. En el menos amable, una serie de condiciones que hacen de la provincia de Zamora un lugar más propenso a que las personas, generalmente mayores, se esfumen sin apenas dejar rastro.
Las V Jornadas sobre Desapariciones Involuntarias han vuelto a colocar a esta tierra como avanzadilla nacional en materia de esclarecimiento de este tipo de casos. La Guardia Civil en Castilla y León es referente nacional en búsqueda de personas extraviadas y su balance de resultados satisfactorios es clarificador: en lo que va de año, 33 personas han sido localizadas con vida de entre las 36 desaparecidas, lo que eleva el porcentaje de éxito por encima del 91%. Sin embargo, unas cifras sólidas en cuestión de resolución no deben opacar el preocupante trasfondo: cada vez desaparecen más personas porque esta comunidad autónoma es proclive a que ello ocurra.
La dispersión geográfica, la despoblación, el envejecimiento, el aislamiento, la pérdida de facultades e incluso la orografía del terreno son ítems que juegan en contra de Zamora a la hora de mantener a salvo a sus vecinos. A menudo, nuestros mayores se encuentran solos y en situaciones de vulnerabilidad. Y es ahí donde las instituciones, las organizaciones, las empresas y la sociedad civil tenemos margen de mejora.
¿De qué sirve un sistema de videocámaras para que los hijos puedan desde Madrid ver a sus padres si hasta el pueblo no llega la fibra óptica como ocurre en Aliste? ¿De qué vale un aparato de teleasistencia si no hay cobertura móvil cada vez que viene un temporal como pasa en la Carballeda? ¿Tiene alguna utilidad instalar en el salón un robot asistencial si se cae un poste, se va la luz y no vuelve hasta pasadas 48 horas como suele suceder en la Alta Sanabria?
El mundo rural necesita una red de seguridad que permita a quien así lo quiera vivir en su hogar sin miedo a desaparecer y que nadie se entere. Ese trabajo que ahora realizan el vecindario, los del bar, la persona al frente de la farmacia o la panadería, que son los primeros que advierten si alguien de la comunidad falta a su cita cotidiana, urge ser controlado de manera profesional por los servicios sociales mediante una mayor penetración en los pueblos. Se trata de una tarea de seguimiento y apoyo que puede estar apuntalada por soluciones tecnológicas como las que ofrecen las empresas que orbitan alrededor del Hub de La Aldehuela al abrigo de la economía de los cuidados, pero que debe nacer de los recursos públicos que estos ciudadanos también pagan igual que quienes están en los núcleos urbanos.
En un mundo digitalizado, resulta difícilmente comprensible que una persona pueda vivir y llegar a morir sin que su entorno se entere. Y, sin embargo, ocurre. La lista de debes es extensa, pero el primero pasa por garantizar los mismos servicios a todos los vecinos residan donde residan. ¿De qué sirve un sistema de videocámaras para que los hijos puedan desde Madrid ver a sus padres si hasta el pueblo no llega la fibra óptica como ocurre en Aliste? ¿De qué vale un aparato de teleasistencia si no hay cobertura móvil cada vez que viene un temporal como pasa en la Carballeda? ¿Tiene alguna utilidad instalar en el salón un robot asistencial si se cae un poste, se va la luz y no vuelve hasta pasadas 48 horas como suele suceder en la Alta Sanabria?
La Guardia Civil de Zamora es una de las mejores de toda España cuando se trata de recuperar con vida a personas que han desaparecido. Pero, igual que en medicina el mejor remedio contra la enfermedad es la prevención, en este asunto es imprescindible poner toda la carne en el asador para garantizar que cualquier persona esté segura independientemente de dónde viva. Y que casos como el de Ángel Ferrero terminen siendo la excepción.
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