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Opinión

Un resultado que obliga a dialogar pensando en Castilla y León

EDITORIAL | El acuerdo debe ser para cuatro años y sin espantadas: quien quiera gobernar, que lo haga

Elecciones en Castilla y León.

Elecciones en Castilla y León. / Pablo Requejo / Europa Press

El Partido Popular de Alfonso Fernández Mañueco ha salido reforzado de las elecciones autonómicas de este 15 de marzo. El salmantino afronta el camino hacia su tercera investidura y lo hace con una posición clara de fuerza. No solo ha mejorado sus resultados, sino que ha frenado las elevadas aspiraciones cosechadas durante la campaña por Vox. En la entrevista publicada el pasado viernes por LA OPINIÓN-EL CORREO DE ZAMORA, el aspirante a la reelección advertía que solo vislumbraba un camino a partir de este lunes: si Vox quiere gobernar, que lo diga; pero si no quiere, que lo diga igualmente. Una estrategia que obliga a los de Carlos Pollán a posicionarse desde ya para que los ciudadanos puedan conocer si existe interés o no en entrar a formar parte del Ejecutivo.

La estrategia de ir pueblo a pueblo y plaza a plaza ha servido a Vox para cosechar un escaño más que en las elecciones autonómicas de 2022. Un duro golpe para los de Santiago Abascal, que durante toda la campaña habían cabalgado sobre unas expectativas y que finalmente se han desplomado. Pollán acudirá ahora al despacho de Mañueco con guarismos prácticamente similares a los que presentaba García Gallardo hace cuatro años, lo que da una estimación de por dónde pueden ir los tiros de la oferta que el líder popular haga a sus potenciales socios. Todo ello, si la formación de ultraderecha asume la primera de las exigencias del aspirante a la reelección: que el compromiso sea inquebrantable para toda la legislatura, a diferencia de lo ocurrido este pasado mandato.

El encargo que debe ser tomado en serio, sin dilaciones, ni titubeos, ni cálculos pensando en Extremadura, Aragón o Andalucía. Esto es Castilla y León, una tierra que urge respeto y dedicación cada día del año, con problemas acuciantes que no tienen tiempo para rodeos, mucho menos para amenazas

Y es que las urnas han pedido acuerdo, han solicitado que Partido Popular y Vox se entiendan para formar gobierno. Un encargo que debe ser tomado en serio, sin dilaciones, ni titubeos, ni cálculos pensando en Extremadura, Aragón o Andalucía. Esto es Castilla y León, una tierra que urge respeto y dedicación cada día del año, con problemas acuciantes que no tienen tiempo para rodeos, mucho menos para amenazas. Si alguien estaba esperando a que concluyera el carrusel electoral para tomar decisiones, ese momento ha llegado. Y las cartas están sobre la mesa: quien no quiera colaborar, no debería entorpecer.

La sorpresa de estas elecciones ha sido un Partido Socialista al que el inédito Carlos Martínez ha llevado hasta uno de los mejores resultados de su historia. El alcalde de Soria ha incrementado en dos escaños el resultado de Luis Tudanca y ha colocado a la formación de Pedro Sánchez como catalizadora del descontento de unas izquierdas más fragmentadas que nunca. Izquierda Unida y Podemos han pagado su división con la pérdida del único procurador que atesoraban cuando formaban tándem y sus votos han ido a parar a la otra pata del bipartidismo. El hecho de que Martínez fuera un absoluto desconocido en cualquiera de las ocho provincias que no eran la suya, lejos de jugar en su contra, ha servido para unir a sus potenciales votantes, aguantando la misma diferencia respecto al Partido Popular que en los últimos comicios.

Con el PSOE absolutamente solo por el lado izquierdo del tablero, la negativa de Mañueco a pactar con Martínez reiteradamente manifestada durante la campaña y unos localismos relegados a la irrelevancia, el único camino hacia la investidura pasa por un acuerdo entre Partido Popular y Vox. A lo largo de las últimas semanas, el salmantino ha abierto las puertas al entendimiento, pero del otro lado nunca hubo respuesta. El tiempo del silencio ha finalizado.

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