Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión

Javier Blanco González

Javier Blanco González

Historiador alistano

Aliste, el origen de una Pasión

"Ese gran rincón donde el paisaje es memoria y nostalgia que sostienen las huellas del pasado reconstruyendo recuerdos. Hombres y mujeres que viven en comunidad, en trabajo de utilidad común acudiendo a los «concejos» al toque de de las campanas"

Procesión del Santo Entierro de Bercianos de Aliste

Procesión del Santo Entierro de Bercianos de Aliste / Ch. S.

Aliste, ese gran rincón donde el paisaje es memoria, es nostalgia que sostiene las huellas del pasado, reconstruyendo recuerdos que nos hacen seguir fieles a esos parajes de nuestra infancia.

En esa remembranza, en esos paisajes se encuentran los hombres y mujeres alistanos curtidos por los vientos de la vida en sementeras y veranos, pendientes de los ciclos de la naturaleza, sufriendo cuando a los campos les ataca la helada, una plaga, o si no llueve o si llueve en exceso.

Hombres y mujeres que conducían por esos paisajes de llanuras, laderas y cañadas sus «ganaos» bajo el sol abrasador o azotados por la lluvia y el frío. Hombres con capas pardas y monteras, que llevaban «el pan» a los molinos y las rejas a «aguzar» a las fraguas.

Mujeres con manteos y gabachas que con sus manos hilaban con las ruecas o en los telares, a la claridad del día sentadas en los poyos o a la mortecina luz de los candiles en lóbregas cocinas y en las noches de «hilandares» al sereno; manos que hacían arte con la masa para el pan que luego cocían en el horno para sustento de la familia. Manos que sostenían y acariciaban a sus hijos durante y después del trabajo en el campo, en la casa, manos que atendían y cuidaban a los abuelos en los últimos años de su dura vida.

Gentes trabajadoras, honradas, hogareñas, sentadas en corro familiar alrededor de la lumbre en la oscura, aunque acogedora cocina, testigo de importantes acontecimientos familiares y de innumerables cuentos e historias de ánimas, pastores, lobos y sierras, narrados por padres, madres, abuelos y abuelas sentados en el viejo escaño, en esas bancas y bancos a los dos únicos calores que había, el de la lumbre y el de la familia.

Un burro de raza zamorano-leonesa

Un burro de raza zamorano-leonesa / Ch. S.

La cocina y la lumbre, lugar en el que, en otros tiempos, en la intimidad se transmitían oralmente los conocimientos entre generaciones, tanto en lo que tiene que ver con la vida doméstica, los trabajos en el campo, el uso de las palabras propias de cada lugar, los ritos y leyendas que pervivieron durante siglos. Por ella fluían y pasaban los aconteceres de la familia.

Qué recuerdos nos trae la imagen de la antigua cocina, aunque sería mejor llamarla la «sala de espera» porque allí se hacían muchas horas de espera en los aconteceres familiares o para salir a las faenas del campo cuando el tiempo lo permitiera.

Hombres y mujeres que viven en comunidad, en trabajo solidario o de utilidad común acudiendo a los «concejos» al toque de campana. Convivencia también expresada en fiestas colectivas al son del fole y el tamboril con pasos de llanos, jotas, agarraos y brincaos.

Esto y mucho más es el patrimonio, los valores tradicionales y la riqueza que nos legaron los que nos han precedido y que para mí han hecho de Aliste… el «Origen de una Pasión».

Tracking Pixel Contents