Opinión | Al grano
El gran olvido de la campaña
Nadie habla del valor del territorio en una comunidad autónoma más grande que muchos estados

Papeletas depositadas en una urna en una convocatoria electoral anterior. / Archivo
Transcurre la campaña de las elecciones autonómicas como el envoltorio de este entretiempo adelantado de la infancia "marziana": un día llora soledades y otro calienta el celo de los pájaros y airea las mariposas blancas que se han posado todas a la vez en los almendros y ya muchas de ellas, desgajadas, han prestado su alma inmaculada para entarimar el suelo. No hay más sorpresas en campaña electoral que los bombazos que revientan allá lejos, en la Persia de estética falsamente moderna y oraciones antiguas y trasnochadas que se ha convertido en basurero de esquirlas por mor de las ansias negras y pegajosas de los poderosos astracanados de piel de neón, esos que, de pequeños, estudiaron lo mismo que nosotros.
Las elecciones en esta tierra estival y congelada están ahí, a tiro de piedra, y nada nuevo ha ocurrido en una campaña anodina que circula por carreteras secundarias, donde ni las encuestas derrapan en la curva más revuelta. Otra oportunidad perdida, la enésima conversación interrumpida para hablar a calzón —o braga, o lo que quieran— quitado del sentido de esta comunidad autónoma, nacida por el —bendito— afán de sumar y que ahora, tras echar cuentas, hay quien quiere restar.
Castilla y León agrupa —mejor, agrupan— una superficie mayor que Portugal, Irlanda, Bélgica o Países Bajos, con una población que no llega ni a un cuarto de ninguna de las citadas. El territorio le sale por las costuras, con vegas, mesetas y montañas que suman más árboles que ninguna otra comunidad autónoma de España. No hay otra demarcación territorial en toda Europa con un mayor patrimonio histórico y artístico, con más biodiversidad, con más espacios abiertos y seguramente descontaminados por kilómetro cuadrado.
Pues nada, da igual, nadie, que yo sepa al menos, ha incluido el factor territorial en campaña electoral, nadie aboga por aprovechar un bien único que no se puede fabricar. Contar con superficie es la mayor riqueza económica a la que se puede aspirar, ni tan siquiera el oro o los diamantes tienen tanto valor porque su cotización está sustentada sobre el sistema artificioso de lo finito. ¡El territorio no se puede generar ni producir, el metal dorado y las piedras preciosas se pueden buscar hasta en el infierno!
Estamos atados a nuestro pasado por el ronzal del futuro y así es difícil ver más allá de los límites montañosos —y lechosos de los limos del Duero— que demarcan el perímetro agreste de Castilla y León. La largura territorial no puede seguir siendo una rémora identitaria ni un lastre para coger el tren del futuro y la modernidad. Pero para eso tenemos que hablar.
Suscríbete para seguir leyendo
- La nueva 'normalidad' de Azucena en su pueblo de Zamora tras salir de la jaula de Faraday
- DIRECTO | Zamora CF- Osasuna Promesas
- Susto en Villagodio: cae parte de la estructura de un puente de la A-66 sobre la N-122
- Mañana se esperan colas kilométricas en Lidl para conseguir los pantalones de lino de color crema y bajo campana más baratos: muy cómodos y en muchas tallas
- El Viso de Bamba sigue sorprendiendo: El carbono 14 ayudará a precisar si estamos ante la Arbucala asediada por Aníbal
- Mañana se esperan colas kilométricas en Lidl para conseguir la sombrilla de terraza más barata del mercado: mástil ajustable y se ajusta a cualquier espacio
- GALERÍA | Cae parte de la estructura de un puente sobre la N-122 en Villagodio
- Teo Nieto, el cura más ajetreado de España que conquista a los alistanos
