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Opinión | Zamoreando

Lo de los Goya

OPINIÓN | Nuestra amada clase actoral gusta recorrer de forma selectiva todas las guerras pasadas y presentes, además de todos los actos de violencia llevados a cabo, también de forma selectiva

BARCELONA, 28/02/2026.- La actriz Patricia López Arnaiz recibe el Goya a mejor actriz protagonista por su trabajo en ´Los domingos´, durante la ceremonia de entrega de los Premios Goya en su 40 edición, este sábado en el Auditorio Fórum CCIB de Barcelona. EFE/Alberto Estévez

BARCELONA, 28/02/2026.- La actriz Patricia López Arnaiz recibe el Goya a mejor actriz protagonista por su trabajo en ´Los domingos´, durante la ceremonia de entrega de los Premios Goya en su 40 edición, este sábado en el Auditorio Fórum CCIB de Barcelona. EFE/Alberto Estévez / Alberto Estévez / EFE

Con la Gala de los Premios Goya me pasa lo mismo que con el Festival de Eurovisión, que no la veo. En el caso de los premios cinematográficos, por pura higiene mental. Ocurre que periódicos, radios y cadenas de televisión, sobre todo estas últimas en sus espacios informativos, le dedican a la Gala espacio más que suficiente. Ahí es donde en cosa de pocos minutos me doy cuenta de que todo sigue igual. En los Goya, todos cuantos pasan por el escenario siguen diciendo muchas tonterías, cosa que hacen también en las lenguas cooficiales. Y como asiste el presidente del Gobierno, la pugna por templarle la gaita y dorarle la píldora es más que evidente. Tras los Goya, algunos actores se me caen del pedestal en el que los tenía.

Nuestra amada clase actoral gusta recorrer de forma selectiva todas las guerras pasadas y presentes, además de todos los actos de violencia llevados a cabo, también de forma selectiva. Esta vez los Tosar, Bandini y compañía tuvieron un recuerdo para Irak, para Ucrania y para su favorita, Gaza. La industria está a tope con las gazaties, por encima de cualquier otro pueblo y, claro, se olvidaron de las atrocidades cometidas, ojo feministas, sobre todo con las mujeres, por el régimen iraní. Los cuarenta años en el poder de Alí Jamenei fueron inhumanos para la sociedad iraní. Ni una palabra sobre la guerra que se libra en Sudán desde el 15 de abril de 2023 que ha provocado más de diez millones de desplazados. Dependiendo del lugar del conflicto, para nuestros cineastas hay víctimas de primera y de tercera, es más, algunas inexistentes.

Tampoco abrieron la boca para defender a los cristianos perseguidos en Nigeria, es más, la eximia Silvia Abril, con su habitual intolerancia, arremetió contra los jóvenes cristianos, como si ser cristiano fuera un estigma, un peligro para la Humanidad. Ni una palabra para los perseguidos de Somalia, Yemen, Libia y Corea del Norte. Y mucho menos para las víctimas del ataque que Hamás perpetró el 7 de octubre de 2023 contra Israel. No hubo un recuerdo, por pequeño que hubiera sido, para las víctimas de ETA, grupo terrorista que, para los ínclitos miembros del cine español, excepción hecha de José Luis Borau, nunca existió. Asistía a la gala Pedro Sánchez y no era cuestión de enfadarle. ¡Lameculos! Todo sea por la subvención.

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