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Opinión | Desde Los Tres Árboles

Callejeando por la Historia: Poitiers

OPINIÓN | La derrota de los musulmanes en Poitiers supuso el fin de la expansión del Califato Omeya y es el comienzo de una larguísima historia

Opinión.

Opinión.

Los sarracenos venían de Hispania, habían pasado los pirineos, estaban invadiendo la Galia. El ejército franco les salió al paso entre Tours y Poitiers y el encuentro supuso el comienzo de una larguísima historia. Según un historiador militar del pasado: "No ha habido una batalla más importante en la historia del mundo"...

Corre el año 730 d.C. Al- Ándalus está dividido por luchas tribales. Abdurrahamen acaba de ser nombrado valí de Hispania y su primer objetivo es formar un estado fuerte. Por ello, decide acabar con Munuza de inmediato.

Sucede que Munuza, gobernador entonces de la Celtiveria, había propuesto a Eudon, duque a su vez de la Aquitania, formar un frente común capaz de frenar las ansias expansionistas del valí recién nombrado; a cambio, le prometió esposar a una de sus hijas. Valoró Eudon la propuesta y considerando que tal unión supondría la seguridad de su ducado pactó con Munuza y le dio su hija como mujer. El encuentro con el ejército musulmán tuvo lugar finalmente en los Pirineos y Munuza sufrió severa derrota.

Sofocada la rebelión, Abdurrahman pasa a la Galia gótica y pone sitio a Arles. El ejército mahometano entró en la ciudad y allí ejecutó toda serie de barbaridades antes de continuar su avance. En Aviñón y demás lugares de la Borgoña quemaron alquerías, destruyeron palacios y degollaron a numerosos infieles pero su gran objetivo eran los templos y monasterios cristianos. La inmensa marea del ejército árabe incendia la Iglesia Mayor de Pitou, saquea en Poitiers la abadía de Saint- Hilaire y llega a Burdeos con el ánimo de entrar en Tours por lograr las grandes riquezas que atesoraba la basílica de San Martín. Bien porque estaban llenos de tesoros bien porque en ellos se adoraba a vírgines y santos, los monasterios cristianos eran a los ojos de los musulmanes símbolo del politeísmo cristiano, la prueba de su distanciamiento de la idea de que Dios es uno. Los cristianos habían perdido la cabeza, pensaban, no entendían nada y es por esto que Dios había decidido mandar otro profeta. De ahí su obsesión por los monasterios.

Eudon, viendo peligrar su ducado, propone entonces a Carlos Martel, maior domus del reino de Austrasia, olvidar las diferencias entre ambos y formar una alianza para acabar con el peligro que se cernía sobre los francos. El maior domus, hombre de gran prestigio entre los suyos, aceptó siempre que fuera él quien comandara el ejército y después de un solemne juramento parten los dos hacia Tours.

Durante siete días estuvieron los dos ejércitos a la vista. Dos grandes pueblos protegidos por el mismo Dios, aunque cada uno lo llamaba y lo entendía de forma diferente, estaban a punto de enfrentarse. Uno con los ojos puestos en la conquista de la Galia, el otro decidido a defender creencias, tierras y cosechas.

La infantería pesada franca estaba situada en una posición elevada y boscosa desde la que controlaba el movimiento de la caballería musulmana. En la parte baja la infantería ligera permanecía inmóvil formando una cerrada barrera defensiva, una auténtica pared como congelada por un cinturón de hielo, inamovible e impenetrable. Durante siete días se observaron y al octavo se acometieron furiosamente. Los mahometanos, que peleaban sin defensa frente a las armas dobles y buenas mallas de los francos, perdieron la batalla. Fueron muchos los que quedaron en el suelo, entre ellos Abdurrahamen, y los que quedaron huyeron amparándose en la noche.

Con la salida del sol los francos reconocen el campo y viendo que nadie se movía en los reales del contrario festejan la victoria y recuperan las riquezas y pertrechos perdidos en la Aquitania. Esta batalla en la que se quebrantó el orgullo de los sarracenos, y a fin de que se haga memoria de cuándo sucedió, se dio un sábado 10 de octubre...

La derrota de los musulmanes en Poitiers supuso el fin de la expansión del Califato Omeya y es el comienzo de una larguísima historia porque sentó las bases de la construcción de Europa. De haber sido otro el resultado de la batalla, probablemente hoy nos regiríamos por el calendario islámico y se impartirían clases sobre el Corán en todas las universidades del continente. La Historia hubiera sido otra, sin duda.

Como dice Oriana Fallaci con evidente sentido del humor, pero no menos lucidez, en una de sus obras: "si en el 732 Carlo Martello no hubiese vencido en la batalla de Poitiers hoy también los franceses bailarían el flamenco".

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