Opinión | Religión
Jaime Rebollo
In memoriam, José Ángel
OPINIÓN | "José Ángel Rivera de las Heras fue un erudito, un sabio, un apasionado de la historia, el patrimonio y el arte. Fue todo un referente"

MUSEO DIOCESANO. JOSE ANGEL RIVERA DE LAS HERAS Y RICARDO FLECHA EN LA INAUGURACION DE LA EXPOSICION TEMPORAL DEL ESCULTOR. MUSEO DIOCESANO. EXPOSICIONES TEMPORALES / JOSE LUIS FERNANDEZ / OPZ
Otra semana de esas en la que la vida nos recuerda nuestra finitud. El pasado miércoles conocimos el fallecimiento de José Ángel Rivera de las Heras, canónigo de la S.I. Catedral de la que fue deán hasta 2022, párroco de San Frontis, capellán de la Cofradía de Jesús del Vía Crucis y enumerar todos los cargos que asumió en distintas fases de su vida nos llevaría varias columnas. Como solo hay una lo primero en ella es el cariño a quien más cerca lo tuvo, su familia, su vecindario y sus amistades más cercanas, a Román, coadjutor de la parroquia y a Bernardo Medina, restaurador con tantas horas de trabajo acumulado juntos. A ellos dos decirles que fue emocionante verlos como revestían el féretro del sacerdote (uno de los gestos que tiene el ritual de las exequias de los curas) en el funeral el jueves.
José Ángel Rivera de las Heras fue un erudito, un sabio, un apasionado de la historia, el patrimonio y el arte. Fue todo un referente. Su conocimiento, su locuacidad, un buen comunicador hacen precisamente de su enseñanza lo mejor de su legado que en cuanto a publicaciones académicas y obras ejecutadas es también formidablemente prolijo. Su pérdida, por tanto, trasciende a la vida sacerdotal. Valedor de la comunidad del camino Neocatecumenal de Zamora. Como cura, personalmente, pude llegar a experimentar que su labor de pastor de almas también la hizo bien porque tenía la palabra justa y la acción necesaria para confortar, como dijo el obispo en la homilía del funeral "el pastor que tantas y tantas veces soportó el dolor de los otros sobre su vida", en los momentos en los que se lo pedí. Especialmente en el tiempo que compartí como directivo de la Cofradía del Vía Crucis. Sirvan pues estas líneas como el agradecimiento por su vida, por conocerle y haberle podido disfrutar. Quizá suene a un obituario más que simboliza lo bien que sabe enterrar la sociedad en la que vivimos, y enterrar bien evidencia que falta quizá valentía en otros momentos vitales. José Ángel era valiente y tenía claro donde era sí y donde era no.
Monseñor Valera no dudó en enviar un mensaje dirigido al presbiterio diocesano que padece la marcha de José Ángel: "No es el feeling humano el que nos une; no es la coincidencia ideológica la que sella nuestros vínculos; no es la obediencia ciega la que construye nuestras fidelidades. Ni la iglesia, como comunidad, ni el presbiterio, se construyen así. Es Jesucristo. Es su misterio, su Pasión, su muerte. Es su vida y su gloria. Es su evangelio y el Espíritu el que nos une". Pese al vacío y la tristeza, que sepamos nuevamente entender la muerte como parte de la vida y que José Ángel ya descansa en el cielo, cerca del Señor, al que tanto anunció y tanto admiró. In memoriam.
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