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Opinión | El Espejo de Tinta

El bien

No es Trump el mejor ejemplo de política adulta. Ni en el ámbito nacional ni en el internacional, que es el que nos afecta. También es cierto que no está el mundo actual para destacar especialmente a ningún dirigente sobre los demás.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, habla este viernes en la Casa Blanca, en Washington (EE.UU.).

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, habla este viernes en la Casa Blanca, en Washington (EE.UU.). / EFE/ Octavio Guzmán

No es Trump el mejor ejemplo de política adulta. Ni en el ámbito nacional ni en el internacional, que es el que nos afecta. También es cierto que no está el mundo actual para destacar especialmente a ningún dirigente sobre los demás.

El caso es que tampoco es el diablo con cuernos y tridente que nos pinta la progrez mundial y lo que está demostrando, por inmadurez, bravuconería o tal vez porque su forma de ser y el resultado de su experiencia vital lo han llevado a tal convicción; es que si algo quiere puede conseguirlo. Antes gracias al dinero y ahora merced a la fuerza que otorga ser el presidente de la nación más poderosa de la tierra.

En ese un tanto indefinido perfil político y personal, Trump parece haberse decidido a no dejar pasar más el tiempo -en Estados Unidos sabiamente limitado a dos legislaturas- y en esta su segunda estancia en la Casa Blanca contribuir activamente a cambiar el estatus mundial en aquellos ámbitos donde el mal, que existir existe, se ha adueñado de países y costumbres en forma de tiranías y satrapías que oprimen a sus pueblos, reducen la dignidad humana a un estadio anterior a la época medieval y hacen del terrorismo (lo mismo da que sea con armas, bombas o narcotráfico) el modo de extender su influencia o buscar la desestabilización de los demás.

De modo que, con la vergonzante excepción de Ucrania ante la agresión de Putin -tampoco en el patio del colegio los dos máximos fanfarrones se enfrentan entre sí por mucho que se miren de reojo y sus huestes se encaren y midan con frecuencia sus fuerzas-, ahora en Irán, como hace unas semanas en Venezuela, de momento muy suavemente en Cuba y hace unos días, con una acción quirúrgica limitada, en México, el presidente estadounidense y su cerebro y brazo en política internacional, Marco Rubio, han decidido actuar con osadía a favor del bien.

En una canción titulada como esta columna, "Viva Suecia" cantan que "a veces las cosas se arreglan si asumes que nadie las puede arreglar". Sin embargo, sabemos bien que cuando el mal se perpetúa es, esencialmente, porque el bien no lo impide.

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