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Opinión | El espejo de tinta

¡Que llueva, que llueva! Agua de vida

OPINIÓN | "La lluvia además de belleza y limpieza nos trae vida. Agua que llena ríos, lagos y embalses"

El embalse de Ricobayo a la altura de la presa, este viernes, cuando está al 86% de su capacidad.

El embalse de Ricobayo a la altura de la presa, este viernes, cuando está al 86% de su capacidad. / J. N.

De tanto hablar del cambio climático ni los más forofos del asunto saben ya hacia dónde va. Nos auguraban un preocupante cálido y seco invierno y se nos ha descolgado el cielo con agua como no se recordaba y temperaturas más propias de esta estación que de los informes, estudios y paneles sobre la catástrofe climática que cuanto más asustan más subvenciones acaparan.

Llueve -Machado sí recordaría que es lo que ocurre de vez en cuando-, detrás de los cristales llueve y llueve. Y la mayoría de la gente se queja. Algunos, normalmente urbanitas, hasta amargamente. Que ya ha llovido demasiado, dicen en tertulias y conversaciones improvisadas de ascensor. Tienen razón respecto de algunos lugares, en estos días, especialmente Andalucía, donde menos acostumbrados están a este don de la naturaleza que es la lluvia. Pero casi todos olvidamos que no hay tanta novedad en que la hoy anegada Grazalema sea uno de los municipios de España en los que, año tras año, más agua cae.

Pero la lluvia además de belleza y limpieza nos trae vida. Agua que llena ríos, lagos y embalses. Que nutre los acuíferos subterráneos para que podamos rescatar con pozos y acequias el elemento más esencial para la vida durante el resto del año y también durante lo que ya el libro del Génesis recogía como el ciclo que va pasando de los siete años de vacas gordas a los siete de vacas flacas, desde el principio y, previsiblemente, hasta el final de los tiempos. Riega nuestros campos, regenera los suelos ¡Que llueva, que llueva, la Virgen de la Cueva! cantábamos cuando éramos más naturales y menos imbéciles. Cuando no estábamos secuestrados por el cortoplacismo y el convencimiento pueril de que ya lo sabemos casi todo y la naturaleza y el tiempo (en ambos sentidos de la palabra) deben estar al albur de nuestro capricho y no nosotros supeditados a sus reglas que, ya comprendidas o aún afortunadamente incomprensibles, rigen por encima y más allá de nuestra mente, pequeña y temporal.

Pues sí, qué quieren que les diga, me gusta la lluvia. Es bella, es fresca, es liberadora. Es, vida.

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