Opinión | Buena jera
Desbordados (y no solo por el agua)
OPINIÓN | "Lo del agua pasará algún día. Me temo que lo de Trump, no"

El Órbigo se desborda en Santa Cristina y llega a las puertas de Benavente. / J. A. G.
Vivimos días de miedos y horrores. Uno mira las imágenes que nos llegan de Andalucía (y también de otros lugares como de esta provincia) y tiembla. Pueblos desalojados, campos inundados, cosechas casi ya perdidas, tierras sin poder ser sembradas, casas derrumbadas, carreteras cortadas, presas al límite, puentes a punto de derrumbarse… El panorama es desolador. Y esos temores se acrecientan cuando oímos que siguen entrando borrascas y más borrascas cargadas de agua, viento, nieve y hasta fenómenos casi desconocidos en este mes de febrero como sucedió con una fuerte granizada en Segovia hace poco. Probablemente, tenga Pedro Sánchez la culpa de todo, pero no adelantemos acontecimientos; tal vez nos llevemos alguna sorpresa, especialmente los negacionistas del cambio climático. Dicen que algo similar ha sucedido toda la vida, que siempre hubo sequías, lluvias continuas y torrenciales, airones huracanados y pedrisco cuando se le antojaba a los cielos…En fin, que lo de ahora no es nada nuevo. No opinan igual muchas de las personas entrevistadas en radios, teles y periódicos. Todas aseguran (o eso he oído yo) que jamás han conocido algo similar. Sí les creo.
Lo único positivo (por eso de rebuscar algo salvable en medio del desastre) es que, de momento, la tragedia no ha degenerado en batalla política. Algunos, sobre todo del mundo ultra, ya lo han intentado. Esperemos que continúe su fracaso. Es hora de la unión y de trabajar juntos; la reconstrucción de lo dañado va a ser larga, dura y costosa, Y también es necesario estudiar fallos y corregirlos. Por ejemplo, y entrando ya en Zamora, son muchas las quejas contra la Confederación Hidrográfica del Duero (CHD), que, en cuestión de la limpieza de ríos, arroyos y regatos, es como el perro del hortelano: ni come las berzas ni deja comerlas. Ni sanea los cauces ni permite que los ayuntamientos lo hagan. Y así vemos año tras año esos riachuelos llenos de espadañas, juncia, juncos, corrihuelas, ajugeras y decenas de hierbajos. Y si vienen las riadas, por pequeñas que sean, el agua, claro, no corre, se estanca y puede desbordarse. ¿Vamos a seguir así?
Los desbordamientos de todas estas corrientes pueden interpretarse como una metáfora del destino al que estamos llevando a esta nuestra sociedad; estamos desbordando el cauce de sus valores, estamos anegando con muy males prácticas una forma de entender la existencia basada en el respeto a normas y derechos. Ya no hablo de, como hacían nuestros padres y abuelos, mantener la palabra dada (¿qué es eso de la palabra y el darse la mano?), sino de guiarnos por leyes y acuerdos que garanticen la convivencia y la paz. Trump ha sido el primero en romper con todo lo que no le interesa, lo que no le da poder o dinero, pero está teniendo muchos seguidores. Poco antes de pergeñar estas líneas, leo que su obsesión, ahora, es propiciar la victoria de los movimientos ultraderechistas en Europa. ¿Cómo? Soltando pasta, manipulando, comprando voluntades, atacando a los gobiernos que no son de su cuerda, obligando a naciones y empresas a invertir o comprar en los Estados Unidos, amenazando con aranceles a todo aquel que no se pliegue a sus órdenes, exhibiendo su fuerza militar y sus armas nucleares…Todo un catálogo de buenas intenciones, de amor al prójimo y de apuesta por la paz.
¿Y qué hace Europa? Poco, muy poco. Apenas alguna respuesta tibia o algún anuncio. Sin embargo, no hay una postura común ni a nivel continental ni dentro de cada país. Verbigracia: en España, existen grupos que apoyan a Trump y que, según las encuestas, van ganando terreno aunque algunas de las medidas del sheriff de la Casa Blanca sean lesivas para los intereses hispanos. En el Foro de Davos, el presidente de Canadá mostró a los demás el camino para enseñarle los dientes al ínclito míster Donald. Todos (o casi) aplaudieron. Nadie, que se sepa, ha hecho nada.
Seguimos desbordados. Lo del agua pasará algún día. Me temo que lo de Trump, no.
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