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Opinión

Si lo veo, no lo creo

OPINIÓN | Con independencia de a quién corresponda la responsabilidad civil y hasta penal de los hechos, ¿cómo es posible que lo que se ponga en tela de juicio es lo que hemos visto?

Agentes de ICE durante una detención en Minneapolis.

Agentes de ICE durante una detención en Minneapolis. / JOHN LOCHER / AP

No es que haya errata en el título por omisión del adverbio de negación al inicio, es que, sin darnos cuenta y sin haber leído un solo libro suyo, nos hemos convertido en fieles seguidores de Descartes: «He descubierto que los sentidos nos engañan de vez en cuando y es prudente no confiar nunca en aquellos que nos han engañado, aunque solo haya sido por una sola vez». Aquí está la justificación intelectual para lo que, de otra manera, nos convertiría en ciegos y acérrimos en la defensa de nuestra ideología y opinión.

Solo desde este seguidismo de la filosofía de Descartes se pueden entender las explicaciones que nos dan, y nos damos, ante hechos que estamos viendo con nuestros propios ojos, así, con pleonasmo innecesario, pero clarificador, para comprender que, pese a lo que vemos y oímos, mantengamos nuestra postura y, por supuesto, la que nuestros líderes políticos nos explican, por muy contradictorias que sean con lo que nuestros ojos nos presentan sin ambages.

Larga es la lista de ejemplos en los últimos años, por lo que me limitaré a citar solo los más significativos por su dramatismo. Vimos en directo una dana en la Comunidad valenciana y vimos la cronología de las llamadas e imágenes. Lo mismo ocurrió con el famoso apagón y no digamos con el accidente ferroviario de Adamuz, o, por salir del suelo patrio, con los asesinatos de una mujer y un sanitario en Minneapolis a manos del ICE. Todo lo hemos visto y con los registros de la temporalización en la que ocurrían.

Con independencia de a quién corresponda la responsabilidad civil y hasta penal de los hechos, ¿cómo es posible que lo que se ponga en tela de juicio es lo que hemos visto? Y, lo más preocupante, ¿cómo es posible que nosotros mismos pongamos en duda lo visto? Pues es posible. Basta que hable nuestro líder, al que consideramos, más que como nuestro representante, como un dios pagano, y con él la cohorte paniaguada de sus tertulianos a sueldo, para que nuestros ojos se conviertan en enemigos de la realidad.

Terroristas domésticos son los asesinados por el ICE, los pasajeros de los trenes de Adamuz fueron atendidos por los sanitarios casi al instante y los protocolos de mantenimiento ferroviario son estupendos, el apagón fue un no sé qué por no se sabe quién y en la Comunidad valenciana llovió mucho y qué le vamos a hacer.

Nos estamos dejando convertir en ciudadanos de una escala evolutiva inferior a la de los hooligans, porque estos berrean, y hasta agreden, a los del equipo rival, pero también es verdad que con igual virulencia se encabronan con su equipo cuando les parece que no están a la altura. Sin embargo, nosotros solo nos estamos quedando con una parte, la de atizar al que no opina como nos gusta, pero ni por asomo ponemos en duda lo que nos explican los nuestros, por mucho que eso choque con lo que hemos visto. Así que, como sociedad, nos estamos comportando como medio hooligans, que ya es bastante miserable. Eso, o somos unos grandes cartesianos sin haber leído a Descartes y, por ello, sin entender que la esencia de ser es pensar; vamos, lo de «pienso, por lo tanto, existo».

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