Opinión
Suerte
OPINIÓN | "Ahora que estamos iniciando un nuevo año, yo les deseo a mis lectores suerte. Pero no la que depende del mero azar, de los variopintos dioses o del destino, sino la suerte de tener el empeño, la templanza y la constancia para trabajar a fin de que la suerte les sonría"

Trébol de cuatro hoja. / KEBman
Que Dios reparta suerte es frase habitual entre toreros al iniciar el paseíllo y las doce uvas de la suerte nos las acabamos de comer para dar la bienvenida al nuevo año, en ambos casos como expresión de la necesidad de que lo eventual, lo azaroso y la casualidad nos sean favorables al abrirse el portón de lo desconocido, de lo que está por venir.
Es curiosa la relación que tenemos con la suerte. Poca gente conozco que considere que ha alcanzado el éxito y que le atribuya el menor papel a la suerte. Todo lo conseguido ha sido fruto de su esfuerzo, de su saber hacer, de su capacidad para atrapar las oportunidades. Ni un solo resquicio dejan a la suerte para pensar que, con el mismo esfuerzo y capacidad, podrían no haber triunfado, de manera que se sienten como los elegidos por la diosa Atenea, la de la sabiduría. Frente a estos, conozco a muchos menos a la que la vida no les ha tratado tan bien como ellos consideraban y que no echen todas las culpas a la suerte, en este caso a la mala suerte, cual elegidos, ellos también, pero de la diosa Ate, la de la fatalidad. Ambos comparten su cinismo, esa desvergüenza en el mentir.
Dicen que dijo Picasso aquello de que la inspiración te pille trabajando; vamos, que no lo fiemos todo al azar. Pues lo mismo pienso yo en relación con la suerte. Que quienes se sienten triunfadores no olviden lo que recientemente escribía mi querido Manuel Mostaza: "sólo del esfuerzo, aderezado con unas gotas de suerte, podemos esperar mejoras", así que no se vengan tan arriba menospreciando la suerte, sin por ello negarles que les ha pillado trabajando. Y quienes consideran que todo ha sido fatalidad en su vida deben hacer un par de reflexiones. Por un lado, a cuánto de su infortunio han colaborado con sus acciones u omisiones; por otro, qué están haciendo para sobreponerse a la mala suerte. En definitiva, que también les ha de pillar trabajando para evitar en lo posible la mala suerte y para mitigarla cuando sea un imponderable de verdad.
Así que ahora que estamos iniciando un nuevo año, ahora que ya hemos cumplido, aunque algunos lo hayamos hecho a regañadientes, con la liturgia que se impone y hayamos deseado a propios y extraños toda una retahíla de buenos deseos, yo les deseo a mis lectores suerte para este año. Pero no la que depende del mero azar, de los variopintos dioses o del destino, según las creencias de cada cual, sino la suerte de tener el empeño, la templanza y la constancia para trabajar a fin de que la suerte les sonría y, cuando no, para atemperar sus rigores, porque, en definitiva, como señaló Kant, "vemos las cosas no como son, sino como somos nosotros", y más nos vale no dejarnos seducir ni por la arrogancia de creernos todopoderosos , ni por el desencanto de pensar que hasta nuestra propia sombra nos ha abandonado.
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