Opinión
¡A ver si aciertan!
Según la “Lista roja” de Hispania Nostra a mediados de 2022, el número de bienes en peligro en la comunidad autónoma era de 379, mientras en 2025, siendo muy optimistas, ascienden a 526

Balneario de Bouzas, en Sanabria, última incorporación a la 'Lista Roja del Patrimonio' en la provincia de Zamora. / Araceli Saavedra
Imagínense. Una tierra (¿región?) que no existe, salvo para el padre Duero, cuatro montañas y algunos contertulios de la tribu de los pucelanos, creo. Por no disponer, ni de un supermercado propio, ni un banco, ni una cajita identitaria, como aquel exceso “neogótico”, Caja España, aguántalo. Todos los equipos en segunda y en tercera. León, anestesiada, y Castilla (la Vieja: ¿quién se acuerda?), amputada, que los políticos se empeñan en confundir con la corona de Castilla y León, como si fuesen lo mismo, suspirando por una concordia el 2030 (¿sabrán de lo que hablan?) para celebrar nada. Perdón, su sustento. Y dentro de poco, arreando con Urraca, sin más “pegas”. Ya verán. Mucho románico y mozárabe y gótico y del Renacimiento, y barroco; de todo, vaya. Pero, según la “Lista roja” de Hispania Nostra a mediados de 2022, el número de bienes en peligro en la comunidad autónoma era de 379, mientras en 2025, siendo muy optimistas, ascienden a 526, la comunidad más “laureada” de toda España.
“Tierra de sabor”, claro. Las Edades del Hombre: ¿qué marca?
Una capital inexistente (comprueben el estatuto) y peor, inombrable, para que leonesistas, sobre todo, y castellanistas, no bramen, como ya ocurrió hace años, y “más peor” o pésimo, que se avergüenza de serlo. Una sede del gobierno en un colegio de monjas (no es broma) y bien lejos, para que ni se vea, ni ser vistos. ¡Soria existe! Unas Cortes acromegálicas y tan vacías como una aldea de Aliste, precedidas de un “prao” sediento, propio del ecosistema de la tierra, como todos ustedes saben. Eso sí, orilla de una rolliza “caja de caudales”, que somos todos (dicen). No pierdan más tiempo: un coto de caza con sus huertas solares, turbinas eólicas y algún jabalí despistado; la biodiversidad, exacto. Un aeropuerto/apeadero, para que nadie se moleste –ni en el Arlanzón, ni en el Bernesga–, donde solo despegan, de higos a brevas, autobuses acarreando imsersos gratis. Una estación de autobuses, henchida de “Buscyles”, en obras (recuerdan), sin que nadie se ruborice, mismamente, un milagro para “evacuar”, si es que la pituitaria lo soporta, entre otras menudencias. Y en cuya cafetería, desde hace más de treinta años, saluda al viajero el patio del Palacio del Infantado de Guadalajara, confundido con el del Colegio de San Gregorio del Museo Nacional de Escultura. Mil veces dicho y repetido, da lo mismo. Y la de trenes, muy parisina, la única con tantos Aves, apenas maquillada por dos fastidiosas escaleras mecánicas y punto. Y un equipo de fútbol, abandonado por su olímpico dueño carioca y hasta el entrenador se pira al “Uvieu”. De todo tendrán cumplida cuenta en la próxima SEMINCI.
¿Se puede pedir más? “Quien lo probó lo sabe”. Pongamos que no hablo de Madrid.
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