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Opinión | Al grano

Trump y el burro zamorano

2026 ha empezado raro en la provincia, mientras el mundo acepta la normalidad de lo inaceptable

Un par de ejemplares de burros zamoranos.

Un par de ejemplares de burros zamoranos. / E. T. (Archivo)

Una vuelta de tuerca más que atornilla el miedo al futuro. Así ha empezado el año nuevo, peor que dejamos el viejo, qué ya es decir. Maduro, ese atrabiliario esperpento con un perfil que pronto será estudiado en las escuelas como espécimen pintiparado de las repúblicas bananeras, acaba de ser detenido por Trump, que ya me dirán: ni derecho internacional ni gaitas, que aquí mando yo y el que no me caiga bien, lo arresto, sobre todo si tiene petróleo.

Pero eso ha ocurrido lejos, allende los mares (¿¡qué expresión más viejuna, verdad?!), aquí tranquilidad, tanta que ni los bebés quieren romper ese estado de ingravidez en el que parece flotar la provincia (¡no le toques ya más que así es la rosa...!). Tres días ha costado que naciera el primer niño de 2026, que ni con fórceps. Y es que con el frío hiemal ardiente y la indefinición de un futuro dado la vuelta hay que tener ganas de venir al mundo y más en un territorio como este donde la noticia es que los burros campean a sus anchas. Voy a explicarme, que falta hace.

Raro es, desde luego, que en un tiempo donde parece normal que, sin declaración de guerra previa, el ejército de un país entre en otro para detener al presidente, un accidente de tráfico deje dos mujeres heridas al colisionar un coche contra dos burros. Ha sucedido en Zamora, concretamente en la carretera entre Pumarejo y Melgar de Tera. Resulta que hace nada la raza asnal zamorano-leonesa estaba en peligro de extinción y ahora, ya ven, hasta causa siniestros de tráfico. Deberíamos aprovechar y volverle a regalar a EE UU un jumento zamorano como ya hizo Carlos III a Washington (el presidente) en 1785 (la IA dixit).

Pero hay más nuevas en la provincia con protagonismo asnal. La formación Ahora Decide acaba de denunciar la existencia de un vertedero ilegal entre el barrio zamorano de Carrascal y el Centro de Tratamiento de Residuos donde han aparecido enseres, residuos de todo tipo y, ¡asómbrese, sí¡, hasta el cadáver de un burro! ¿Alguien da más?

Así ha empezado el año en Zamora, ¡a lo burro! Bueno y con mascaradas en la provincia, la escenificación de cabalgatas de reyes y algunas fiestas de quintos (Mañueco, ¿¡para cuándo su declaración como bien de interés cultural, qué algo habrá que ofrecer al ámbito rural antes de las elecciones!?) que todavía sobreviven como la hoguera de la noche del día 5, una manifestación de origen pagano de gran simbolismo.

Si pudiéramos quemar algo que no fuera material, ¿qué quemaríamos en la hoguera de los quintos? Yo lo tengo claro, el victimismo que tanto daño hace a los zamoranos ¡Venga, venga, qué arda! Y ahora un deseo: ¡El próximo año, los Reyes Magos en burro!

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