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Opinión | Desde los Tres Árboles

¡Feliz año nuevo, Zamora!

OPINIÓN | "La creación de un empleo estable y digno podría formar parte de los fervientes deseos para el nuevo año. Y el final de los recortes en los servicios básicos"

luces navidad zamora3

luces navidad zamora3 / J. L. Fernández / LZA

Cuando los vacíos y las ausencias golpean de improviso, la melancolía suele postrarnos en un estado de sopor que dura lo que su presencia en nuestra memoria y se presta a las divagaciones más diversas. Ingenuas o maliciosas, disparatadas algunas, incluso, en ocasiones pero siempre inesperadas. A mí me sucedió hace días...

Ajeno a los hombres y distante, una vez más San Silvestre se alejaba con su tiara de diamantes por el cielo estrellado. La aljaba de diciembre estaba a punto de irse toda por el arco del arquero y el año agonizaba entre ruido de petardos y botellas descorchadas. Faltaban minutos para la medianoche y, cumpliendo el obligado ritual, apenas sonaron las doce campanadas nos abrazamos entre confiados e ingenuos y brindamos porque el año recién comenzado nos colmase de favores. Tradición y un tanto de superstición, supongo, aunadas una vez más en descabellado empeño. ¡Como si el nuevo año pudiese protegernos de los implacables mandobles del tiempo!

Nadie parecía consciente de la ingenuidad de los deseos. La alegría era desbordante. Alguien comenzó a entonar una canción popular (con más voluntad que acierto, la verdad) y fue entonces, justo en aquel instante, mientras nos felicitábamos alborozados y al tiempo que pedíamos amparo frente al perezoso discurrir de las horas y las cosas, cuando me llegó el recuerdo de los que se fueron. Caí en el consiguiente estado de sopor y de inmediato me llegó aquella divagación ingenua y de todo punto inesperada.

¡Sí!, porque fue entonces cuando me dio en pensar que, por más que pudieran parecer delirios de una mente calenturienta y fuera de lugar en aquellos momentos, también la creación de un empleo estable y digno podría formar parte de los fervientes deseos para el nuevo año. Y el final de los recortes en los servicios básicos y una sanidad pública en la que primen los criterios médicos sobre cualquier otra consideración y la solución al problema de la vivienda y un trato justo para la España rural y el freno a la despoblación y el coto a la inmigración ilegal y el cerco a la corrupción y la regeneración política y la imparcialidad de los medios y la independencia judicial.

Curiosamente se trataba de los mismos deseos que había formulado en iguales circunstancias doce meses antes. Sueños dolorosos que pronto se alejaron en desbandada sobre una realidad definida por la ausencia de certezas y la celebración del oscurantismo, la confusión y la trampa.

Hablo de corrupción y del descrédito de las instituciones donde anida. Del egoísmo de una casta política servil y narcisista. De la mediocridad de ciertos dirigentes y del cinismo de algunos gobernantes. De quienes posibilitan que el mérito quede sin recompensa, la honradez sin elogio y el engaño sin censura. De la impunidad con que algunos mienten, manipulan o delinquen. Hablo de sueños truncados, de irritación y hastío. También, de indiferencia y de una sociedad ensimismada en el propio ombligo...

En un tiempo en el que todo es difuso y en el que cada vez se hace más difícil distinguir con claridad esa línea divisoria que debiera separar de manera inequívoca la verdad de la mentira, mi deseo para ti, desconocido y estimado lector, cumpliendo el rito y a riesgo de parecer osado, es que tengas toda suerte de venturas durante el año 2026.

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