Opinión | Zamoreando
Se nos escapa
Le quedan horas a este año que se despide entre muy pocas luces y demasiadas sombras. Ojalá que se diluyan con las brumas matinales al nacer el nuevo año y el sol vuelva a brillar en el horizonte que, cabe esperar, no sea lejano

Un grupo de amigos brinda en Nochevieja. / JOSE LUIS FERNANDEZ (Archivo)
El año 2025 se nos escapa, se va sin prisas, pero se va, porque nada es eterno y cada año tiene su sustituto en el siguiente. El nuevo año se vislumbra entre las brumas de este 2025 que ha sido difícil y duro en muchos aspectos, por supuesto en el político que nos avergüenza y también en el meteorológico, incluso en el otro más personal marcado por cáncer, infartos e ictus que se han convertido en los jinetes del apocalipsis que pasan a galope robándonos la salud.
Tiene razón T.S. Elliot cuando dice que "Las palabras del año pasado pertenecen al lenguaje del año pasado. Las palabras del próximo año esperan otra voz". ¿Qué voz será esa? ¿La de la conciencia individual o la de la conciencia colectiva? ¿Habrá nueva voz en la política o seguiremos escuchando las mismas mentiras, las mismas promesas? ¿Qué voz arrullará nuestras ilusiones? Porque necesitamos ilusiones para continuar viviendo.
Las ilusiones son el motor de la vida. Tener sueños e ilusiones es lo que nos mantiene vivos. Por eso, malditos sean los que "matan el hambre de ilusiones en los que tienen ganas de luchar". No hay, así lo sostiene Víctor Hugo, nada como un sueño para crear el futuro. Grandes avances científicos e inventos cruciales nacieron de visiones y grandes sueños que inspiraron a personas a cambiar el mundo. Que no nos falten los visionarios.
Le quedan horas a este año que se despide entre muy pocas luces y demasiadas sombras. Ojalá que se diluyan con las brumas matinales al nacer el nuevo año y el sol vuelva a brillar en el horizonte que, cabe esperar, no sea lejano.
Con el año, se nos va el Jubileo Católico 2025 que nos hizo "Peregrinos por la Esperanza". Pido a Dios que la esperanza siga habitando entre nosotros, que no la perdamos y que sigamos construyendo el nuevo año sobre cimientos de justicia, misericordia, solidaridad, oración, fe, esperanza y servicio a los demás. Y, sobre todo, que sigamos creciendo, aunque a veces crecer sea despedirse sin mirar atrás. Le propongo, querido lector, ver el fin de año no como un final, sino como una transición hacia nuevas posibilidades, invitando a la gratitud por lo vivido y a la valentía para recomenzar, en lugar de lamentar lo no cumplido. Feliz transición hacia el nuevo año y, por favor, entren en el 2026 con buen pie. Un fuerte abrazo.
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