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Opinión | Zamoreando

Herederos de Juan Simón

OPINIÓN | En el más allá se encuentra el expresidente Adolfo Suárez, y hasta allí se han ido para acusarle de unos hechos que supuestamente ocurrieron a principios de la década de 1980

El entonces presidente, Adolfo Suárez, vota a favor de la Constitución. En Madrid, el 31 de octubre de 1978

El entonces presidente, Adolfo Suárez, vota a favor de la Constitución. En Madrid, el 31 de octubre de 1978

Según la archiconocida canción de Antonio Molina: "era Simón en el pueblo el único enterrador". Sólo que los herederos de aquel padre desolado que venía de "enterrar su corazón", son especialistas en desenterrar. No dejan descansar a los muertos. Empezaron con el de Cuelgamuros y continúan a día de hoy. Si en el bando socialista hay puteros y acosadores, debe haberlos en todos los demás, fundamentalmente en el PP y en Vox, pero si se puede ir un poco más allá, se va y punto. Y como no hay escrúpulos, se ha ido más allá.

En el más allá se encuentra el expresidente Adolfo Suárez, y hasta allí se han ido para acusarle de unos hechos que supuestamente ocurrieron a principios de la década de 1980, cuando Suárez ni siquiera estaba ya en el Gobierno y cuando hace once años que el expresidente del Gobierno de España falleció. Obviamente Suárez no puede defenderse lo cual no es obstáculo para que la supuesta víctima pueda compartir su supuesto testimonio.

No hace falta ser muy espabilado para darse cuenta de que, además de la máquina del fango, el partido de los puteros y acosadores tiene la máquina de las equivalencias que han puesto en marcha y a la que no quieren darle descanso. Lo intentaron con Juanma Moreno y Feijóo, pero nada consiguieron. Tienen que seguir picando alto, no valen peones en un tablero de altura por lo que ahora toca erosionar y enfangar a una figura de la magnitud de Adolfo Suarez, clave en la Transición democrática de la que constantemente apostatan, fundamentalmente los de Podemos.

La mujer dice perseguir la reparación personal. Lo hace 45 años después, aprovechando que todos los ríos que desembocan en el PSOE bajan revueltos. Lo curioso del testimonio de la hoy sexagenaria es que reprocha al ex presidente sus fracasos. El despecho, el trauma y el fracaso ni confieren infalibilidad, ni suelen servir como justificante para alzarse con la debida autoridad moral. Sin ir en detrimento de la presunta víctima, esta acusación huele mal. Esta batalla política la tienen perdida de antemano. Sólo que ahora el feminismo silente en los casos del PSOE alzará la voz para que se desprovea del nombre de Suárez, hasta la más pequeña calle de Cebreros, su pueblo natal.

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