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Opinión | Buena jera

Un toque de atención real

OPINIÓN | Esperemos que en el ya cercano 2026 los partidos políticos, las autoridades y los gerifaltes hagan algún caso a las serias advertencias lanzadas por Felipe VI en su discurso de Navidad

Discurso del rey.

Discurso del rey. / POOL / Europa Press

Esperemos que en el ya cercano 2026 los partidos políticos, las autoridades y los gerifaltes hagan algún caso a las serias advertencias lanzadas por Felipe VI en su discurso de Navidad, breve pero muy jugoso e interesante. Y esperemos también que llegue ese propósito de la enmienda que parece desprenderse de las primeras reacciones de las principales formaciones, PSOE y PP. Ambas han hecho suyas las advertencias del monarca mientras que otros grupos (Sumar, Podemos y los independentistas catalanes y vascos) han criticado la alocución, aunque, a mi juicio, con argumentos propios de su ideología y de su ADN y no basados en el contenido de la alocución real. Habrá que preguntarles a ciertos líderes si llamar a la convivencia y solicitar diálogo y respeto es extralimitarse o postularse a un lado del espectro político como ha dicho la eurodiputada Irene Montero (Podemos) o subirse a la ola antipolítica, como ha señalado su correligionaria, la inigualable Ione Belarra. Y habrá que preguntárselo, claro, a los millones de ciudadanos que hace tiempo que estamos hartos de crispación, insultos, palabras gruesas y confrontaciones de todo tipo. ¿Reclamar que se acabe con esta lacra es pedir demasiado o abandonar el papel de árbitro que la Constitución le asigna al Rey? Ustedes mismos.

Hay otros aspectos del discurso real que merecen ser acentuados y, obviamente, seguidos y aplicados por sus destinatarios, que, en realidad, somos todos, si bien unos tienen capacidad de decidir y otros, los más, nos limitamos a votar cada cierto tiempo, a expresar opiniones y a engordar tendencias. Una de esas afirmaciones es la reclamación de "especial ejemplaridad", es decir que quien está en puestos de responsabilidad, pagados por el erario público, tiene que ser un modelo de honradez y no un foco de corrupción o de otros presuntos delitos. ¿Quién o quienes se habrán sentido señalados?, ¿quién o quienes están dispuestos a recoger el guante y hacer suya, ahora y en el futuro, la especial ejemplaridad?

Felipe VI avisó también de que las democracias están atravesando una "inquietante crisis de confianza" de la que surge la erosión de la credibilidad de las instituciones y, a la vez, la desafección, el rechazo o el pasotismo hacia el sistema democrático. Ya lo estamos viendo en España con el crecimiento de un partido como Vox que cree en la democracia solo de boquilla, pero que no la ejerce ni a nivel interno ni allí donde tiene alguna responsabilidad. Por cierto, Vox ha sido la única formación que no ha opinado sobre el discurso del Rey. Ni a favor ni en contra ni medio pensionista. Espera, como en otros lances, que ese no mojarse le suponga rentabilidad electoral. Triste pero España y yo somos así, señora, que escribió Umbral.

¿Y qué puede suceder si la falta de confianza en la democracia aumenta y afecta a los ciudadanos? El monarca usó tres palabras que resumen esa amenaza: extremismos, radicalismos y populismos. A muchos puede parecerle una exageración pensar que estamos cerca de estas espadas de Damocles, pero, desgraciadamente, la tendencia va por tal camino. Lo estamos sufriendo aquí, las encuestas en varios países europeos así lo indican y, por si fuera poco, ahí tenemos a Donald Trump, campeón del populismo y cada vez más proclive a tomar decisiones extremistas y radicales pese a que choquen con las leyes y disposiciones norteamericanas e internacionales. Y al otro lado, un tal Putin al que solo le valen sus propios caprichos e ideas, por llamarlas de alguna manera suave.

Las alarmas puestas de relieve por Felipe VI tienen un bálsamo que tendríamos que aplicar todos, pero todos sin excepción. Se llama convivencia, la palabra más usada por el Rey en su alocución navideña. Convivencia supone respetar las ideas ajenas y anteponer el respeto y el diálogo a la confrontación, a las broncas y a las actuaciones que vulneren o rompan la "especial ejemplaridad". Un real toque de atención. ¿Le haremos caso? ¡Feliz 2026! Pan y paz para todos.

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