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Opinión | Siete días y un deseo

¿Adónde vas, Zamora?

OPINIÓN | El acceso a la vivienda, en propiedad o en alquiler, y esa sensación persistente de que el futuro siempre pasa de largo por estas tierras del oeste peninsular tampoco tienen ninguna gracia

Concentración número 200 de la Plataforma en Defensa de la Sanidad Pública de Sayago a las puertas del Centro de Salud de Bermillo.

Concentración número 200 de la Plataforma en Defensa de la Sanidad Pública de Sayago a las puertas del Centro de Salud de Bermillo. / Cedida

El título me lo sopló un amiguete de la Universidad de la Experiencia entre sorbo y sorbo de café. He estado a punto de añadir "la copa y el puro" por pura nostalgia de aquel viejo dicho que se utilizaba por quienes gustaban de juntar los tres ingredientes. Yo, jamás. El caso es que, sentados donde casi siempre —arreglando el mundo o, al menos, intentando remendar los jirones de nuestra provincia— y hablando de la Navidad, de 2025, del presente y del futuro de estas tierras, soltó la pregunta como un disparo. Antes de responder, apuré la taza de café, saboreé el último trozo de la tapa de tortilla, lo miré fijamente y le confesé que ya tenía el título para la columna del 28 de diciembre. "¡Pero si es el Día de los Inocentes! Pensarán que estás de guasa", replicó con esa contundencia suya que, a veces, le sale por la boca; un gesto que define bastante bien el carácter de aquí: directo, sin rodeos y un poco rudo, pero auténtico. Me quedé un instante en silencio, observando el trasiego de la calle, consciente de que su escepticismo era también el de media Zamora. Porque en esta tierra, a fuerza de promesas incumplidas, ya nos cuesta distinguir la realidad de la broma pesada.

Y tiene razón mi amigo. En un día de engaños y monigotes a la espalda, hablar en serio de Zamora parece una inocentada. Pero el problema es que las cifras del padrón, que gotean habitantes como una herida que no termina de cerrar, no son ninguna broma. Tampoco lo es el estado de algunas infraestructuras, como esa autovía hacia Portugal que algún día verán nuestros ojos. Ni la atención sanitaria, con demoras en atención primaria y listas de espera en algunas especialidades que no son de recibo; por no hablar de la asistencia en muchos pueblos, convertida casi en un acto de fe. El acceso a la vivienda, en propiedad o en alquiler, y esa sensación persistente de que el futuro siempre pasa de largo por estas tierras del oeste peninsular tampoco tienen ninguna gracia. Por eso, lo que le ocurre a Zamora y a los zamoranos no admite el disfraz de la guasa, ni siquiera un 28 de diciembre. Lo he escrito tantas veces que, en ocasiones, temo resultar pesado. Y, sin embargo, aquí seguimos: situando a Zamora en su mapa real, el del olvido de la periferia, como ejemplo recurrente de eso que llaman "la España vacía o vaciada".

Tras ordenar estas ideas, le devolví la mirada a mi compañero de mesa, que aguardaba mi respuesta con una mezcla de curiosidad y ansiedad. Le dije que no sabía exactamente adónde va Zamora; ya lo había escrito en mi libro "Voces desde el oeste. Una radiografía provocadora de Zamora y sus gentes", publicado en 2002. En su presentación estuvo Rufi Velázquez, que nos ha dejado esta misma semana y a quien le he pedido que nos siga protegiendo desde sus nuevos territorios. Como buena bibliotecaria, seguro que recordaría lo que tantas veces hablamos en sus despachos: para evitar que el camino termine en vía muerta, el primer paso es dejar de tomarnos a broma lo que nos duele los 365 días del año. Incluido hoy, por muchos monigotes que nos quieran colgar a la espalda. Porque señalar los problemas no es ser pesimista, es un acto de rebeldía contra el olvido. "No puedo estar más de acuerdo. Tenemos que combatir la frialdad de las estadísticas", sentenció mi amiguete. Le respondí que ese es, precisamente, nuestro mayor desafío para 2025: dejar de ser el escenario de una inocentada perpetua. Porque detrás de la política hay vidas, y las vidas de Zamora ya no están para bromas.

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