Opinión | al grano
Mascaradas, un ejemplo para Zamora
Las fiestas hiemales crecen, mientras la provincia se desangra

El Zangarrón de Sanzoles / José Luis Fernández
Las mascaradas de invierno zamoranas han recorrido el camino inverso al andado por la provincia en los últimos 40 años. Han crecido exponencialmente en trascendencia festiva, número y hasta en relevancia social, mientras Zamora ha perdido más de 70.000 habitantes, casi la mitad de la población que hoy tiene. Desentrañar las claves del rearme de las celebraciones herederas de las fiestas del solsticio invernal ha de servir como ejemplo para frenar la velocidad de vértigo que lleva a Zamora, como ente administrativo, hacia el abismo.
He vivido en primera línea la consolidación y ascenso de las mascaradas tras los años sesenta y setenta del pasado siglo que estuvieron a punto de llevárselas al limbo por falta de figurantes, ganas y ánimo. Nadie quería escenificar unas fiestas de garrulos que reflejaban un pasado oscuro y miserable. La meta era entonces salir, impulsados por una política malévola del franquismo, de los pueblos camino de Europa, Valladolid, Madrid, Cataluña y País Vasco. Medio siglo después, ya ven, los zamoranos que se fueron se han muerto o son padres y abuelos de quienes ya no son zamoranos. Punto y aparte.
¿Por qué las mascaradas están más vivas que nunca y la provincia casi muerta? Pues no lo sé, la verdad. Hay una explicación peregrina y, por tanto, nada científica, pero ahí va: porque la reconstrucción de las mascaradas la han hecho por libre un grupo reducido de ciudadanos al margen del poder político. El movimiento de realce, en muchos casos hasta de refundación, ha sido espontáneo y ha tenido, sin duda, un gran éxito, seguramente por el apoyo de los medios de comunicación, con una participación muy destacada de este periódico que dio trascendencia y enjundia a las celebraciones de antruejo cuando nadie lo hacía y recogió en sus páginas las reflexiones ilustradas de Francisco Rodríguez Pascual, antropólogo identificado y concienciado con su origen. El reciente nacimiento de la federación Mascaraza es una garantía de continuidad para las fiestas hiemales y el apoyo, ahora sí, de la Diputación Provincial y la Junta, el mejor seguro de futuro.
Sigamos con las conclusiones peregrinas: las mascaradas se han mantenido y gozan ahora de buena salud porque se ha conseguido implicar a los descendientes de los zamoranos que se fueron de la provincia y ahora viven fuera. Corolario: ¿por qué no se ha hecho lo mismo en la vida social, laboral y política? ¿Estamos a tiempo? ¡Contesten ustedes!
P. D. Entre mañana (Navidad) y pasado (San Esteban) se celebran mascaradas en Sanzoles, Pozuelo, Ferreras de Arriba, Vigo de Sanabria y Villarino Tras la Sierra. ¡Vayan a verlas!
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