Opinión
Un vaso medio lleno o medio vacío
OPINIÓN | "Parece que en torno a RenaturaliZA se ha impuesto el relato del vaso medio vacío. Pero si se levanta la vista del titular fácil, la verdadera noticia no es lo que falta, sino que se ha ejecutado en tan solo dos años, la mayor parte de un proyecto complejo, innovador y sujeto a una burocracia feroz"

La edil de Fondos Europeos, en una intervención del Renaturaliza. / José Luis Fernández (Archivo)
Las cifras redondas son irresistibles y simplifican la realidad hasta convertirla en un eslogan que cabe en una portada. Una cifra descontextualizada, que se convierte en munición mediática y en argumento político de algunos, repitiendo un dato como si fuera la clave para juzgar un proyecto de ciudad: "un porcentaje", pequeño añado yo, "de las actuaciones de RenaturaliZA no llegarán a ejecutarse".
Parece que en torno a RenaturaliZA se ha impuesto el relato del vaso medio vacío. Pero si se levanta la vista del titular fácil, la verdadera noticia no es lo que falta, sino que se ha ejecutado en tan solo dos años, la mayor parte de un proyecto complejo, innovador y sujeto a una burocracia feroz.
Quien piense que un proyecto europeo se pone en marcha pulsando un botón desconoce por completo cómo funciona la administración local. RenaturaliZA arrancó con una fecha límite muy clara y con una carencia igual de clara: no había personal municipal específico para gestionarlo. Antes de plantar un solo árbol había que plantar algo mucho más difícil: un equipo.
En apenas unos meses hubo que seleccionar y contratar al personal para la oficina del proyecto. Personas que llegaban sabiendo que se trataba de un contrato ligado a una fecha de caducidad, la del propio proyecto. Como cualquiera en su lugar, mientras daban el máximo en su puesto, también pensaban en su futuro profesional. El resultado fue que, a mitad de camino, hubo salidas y entradas. Pero desde el Ayuntamiento se puso toda la carne en el asador para resolver las diferentes situaciones.
Una actuación de renaturalización puede parecer sencilla: elegir unas plantas, redactar un proyecto y ejecutar la actuación. Desde dentro, el guión es bastante menos romántico. Cada intervención ha seguido un itinerario largo: propuesta de especies por parte de la universidad, revisión de la Fundación Biodiversidad, elaboración de memorias o proyectos, permisos de otras administraciones, licitaciones en la plataforma de contratación del estado, …, un camino que puede resultar árido, pero que explica por qué hablar de lo no ejecutado es, como mínimo, injusto. Sí, de las 22 actuaciones previstas se han ejecutado 20, pero se han ejecutado otras que no venían en el proyecto original, como la renaturalización de casi 10.000 m2 en Vista Alegre o la renaturalización del muro de la carretera de la Aldehuela, con las que se alcanzan 22 actuaciones ejecutadas, 23 si añadimos el Encuentro de Ciudades en Renaturalización. Un encuentro que sirvió para poner a Zamora en el mapa de las ciudades que han optado por mejorar la calidad de vida de sus vecinos y vecinas a través de la renaturalización de espacios.
Por el camino se quedó el ajardinamiento de la muralla, atrapado entre los reparos de Patrimonio, que se inclinaba por una alfombra de césped uniforme y por actuar sobre elementos que no permitían las bases de la convocatoria de la Fundación Biodiversidad y entre la propuesta de la Universidad y del Ayuntamiento, un diseño pensado para recorrerse y favorecer la biodiversidad y la adaptación climática.
RenaturaliZA no era arreglar una acera, ha sido desplegar en tiempo récord una red de infraestructuras verdes y azules
No se trata de justificarlo todo con la palabra "dificultades", sino de entender la realidad. RenaturaliZA no era arreglar una acera, ha sido desplegar en tiempo récord una red de infraestructuras verdes y azules, coordinando a las diferentes instituciones, a los profesionales implicados, las empresas, los servicios municipales y una normativa garantista que, afortunadamente, evita arbitrariedades, pero que también alarga los plazos.
A lo largo de estos dos años se han renaturalizado espacios degradados, se han ampliado zonas verdes, se han mejorado itinerarios peatonales, se ha hecho una actuación en el bosque de Valorio necesaria hace muchos años y se han puesto en marcha herramientas digitales para acercar la naturaleza urbana a la ciudadanía. El mapa de la ciudad parece el mismo, pero ya no es. Esa transformación tiene un valor que no puede medirse solo en euros no gastados, sino en metros cuadrados de sombra, en biodiversidad, en bienestar y en resiliencia frente al calor extremo. Y el tiempo pondrá a cada cual en su sitio.
Es legítimo debatir si pudiera haberse llegado algo más lejos. Lo que no es honesto es convertir esa parte en el centro del relato, invisibilizando el esfuerzo de aprovechar al máximo los recursos, de estirar cada contratación y de pelear cada informe dentro de un calendario que, desde el inicio, era extremadamente ajustado.
Recibir una subvención europea es, al mismo tiempo, una magnífica noticia y una enorme responsabilidad que condiciona durante años la agenda municipal. Quienes han trabajado en RenaturaliZA lo han hecho con responsabilidad, sabiendo que cualquier error podía comprometer una parte de la ayuda y que la exigencia de justificación documental es milimétrica. El trabajo desarrollado y la coordinación de la oficina ha sido sobresaliente, ingente y férrea.
Defender que la noticia debe estar en lo ejecutado no significa renunciar a una evaluación crítica y al control. Es razonable preguntarse qué se podría mejorar en la planificación, en la anticipación de problemas de mercado o en la coordinación entre administraciones.
RenaturaliZA es un punto de inflexión para orientar Zamora hacia un modelo más verde, más amable para la ciudadanía y más resiliente. Ha demostrado que el Ayuntamiento es capaz de gestionar proyectos europeos de gran envergadura, de sostener una estructura técnica exigente y de transformar, en un tiempo muy limitado, espacios que estaban estancados desde hace años. Es sano analizar si hemos comunicado lo suficiente los avances, si la ciudadanía conoce de verdad el alcance de las actuaciones o si se ha quedado en un proyecto percibido como algo más cercano a la moda "verde", que a un cambio de modelo de ciudad.
Apostamos por un modelo para Zamora que integra la naturaleza en plazas, parques y taludes para mejorar la calidad de vida, adaptarse al cambio climático y ofrecer un paisaje urbano más atractivo y saludable y lo convertimos en pieza central de su futuro.
Esto, quizá, merece algo más que un titular apresurado.
(*) Ana Belén González Rogado es concejala de Fondos Europeos en el Ayuntamiento de Zamora
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