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Opinión | Zamoreando

Ángel Cortés

"No me extraña en absoluto el brillante palmarés de premios, distinciones y menciones, que jalonan la trayectoria del "Tenor de la Policía Nacional""

Ángel Cortés, tenor de la Policía Nacional, antes del III Concierto Navideño de Música Cívico Militar

Ángel Cortés, tenor de la Policía Nacional, antes del III Concierto Navideño de Música Cívico Militar / Victor Garrido / LZA

El jueves pasado, el III Concierto Navideño de Música Cívico-Militar contó con un invitado de excepción y por lo tanto excepcional. Un tenor, dueño de un registro vocal portentoso. Un timbre de voz que bien puede describirse como luminoso, claro y penetrante, capaz de alcanzar notas espectaculares. En la primera canción ya se había metido al público asistente en el bolsillo. Porque a su buen hacer canoro hay que añadir su simpatía innata, una sonrisa que se le eterniza a flor de labios y un saber estar profesional sobre el escenario que sólo concitó aplausos, y "bravos".

Se llama, Ángel Cortés y hace honor tanto al nombre como al apellido. Es Policía Nacional. Desempeña sus funciones en el Gabinete Técnico del Jefe Superior de Policía de Aragón. Hombre empático donde los haya. Ese algo especial que se detecta al instante en su manera de proceder le viene dado por un "mestizaje" del que no todo el mundo puede presumir: nieto de Policía Nacional y de Guardia Civil, por lo tanto lo lleva en la sangre.

Como tenor, de casta la viene, ya que su principal maestro fue el genial tenor cordobés, Pedro Lavirgen, y por sus venas corre sangre del célebre compositor, violinista y director de orquesta salmantino, Tomás Bretón. Angel Cortés es grande como Policía e inmenso como Tenor. Posee una gran belleza en el agudo, capaz a la vez de proyectar una voz potente y firme.

No me extraña en absoluto el brillante palmarés de premios, distinciones y menciones, que jalonan la trayectoria del "Tenor de la Policía Nacional". Los tiene todos, tanto en concursos y participaciones nacionales como internacionales donde ha dejado su impronta. Los grandes de verdad, como Angel Cortés y el maestro David Rivas, se entienden no solo hablando, siempre en clave de sol, que es el que ilumina, sino con una mirada. Hay un proyecto en marcha que unirá los saberes de ambos, compositor y cantor, al servicio de una obra que será estreno nacional en el IV Concierto Navideño del próximo año. Hasta ahí puedo leer.

Pero sí me puedo permitir dar gracias públicas a Ángel Cortés por su presencia en el concierto en el que ha hecho historia y junto a él, a quienes ayudaron a hacer realidad un sueño, Guillermo Vara Ferrero y José Francisco Ramos. Vuelve, Ángel, te esperamos con los brazos abiertos. n

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