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Opinión

Esther Ferreira Leonís

Navidad a tus pies

OPINIÓN | Todos los diciembres, como cada diciembre, una persona rebusca en el trastero de su memoria ese halo especial con el que revestirse, en estas fechas navideñas, de felicidad

Navidad a tus pies

Navidad a tus pies

Todos los diciembres, como cada diciembre, una persona rebusca en el trastero de su memoria ese halo especial con el que revestirse, en estas fechas navideñas, de felicidad, colmada si su casa en la habitualidad respira amor, siendo hogar cálido bajo la cencellada, o postiza porque hay que celebrar la clasificación en el despilfarro de luces y descoyuntar las mandíbulas, para borbotear entre hollejos el zumo de la suerte que las uvas solfean, a cada escalón hacia el nuevo año: que sea mejor o que no sea peor, que nos deje como estamos, en el alud de inseguridad con que nos desconducen por la vida los desmañados que ¿tienen toda la culpa de cómo va la vendimia?

Cada uno según lo que toca, según lo que le tocan. Tocan villancicos, "una pandereta suena", la zambomba en su curtido lamento y las castañuelas buscan acompasarse, se miran cómplices pero, finalmente, una se pretende más coral, la otra más solista y finalmente el alma que resuena y sueña, solo clama intenciones. Reverbera en la garganta Belén, la estrella que guía, el incienso, la mirra, el oro que no falte y el niño Emmanuel velado entre el heno…, prefiero la paja, entre la paja servimos con mayor rigor a la felicidad, entre la paja se olvida la felicidad que ansían los ojos… ausentes en el rostro, el rostro de otro niño, Ahmed, huérfano entre los exiliados de Gaza.

Apenas agostado su hervor, los trigos se embobinan con el sopetón de turrones, panetones y galletitas de jengibre, en un despliegue de multiculturalidad que nos adelanta el alivio del frescor del espíritu navideño, entre anheladas montañas nevadas, escenas almidonadas de hechura napolitana o con la nostalgia por ser una de esas mujeres albercanas removiendo el azúcar y la almendra o pastora al abrigo del olor a romero de la lumbre alistana. Otra Navidad es en el hemisferio sur, con calor, ¿cómo se agrietará el mazapán en la boca y cómo se encurtirá en la glotis a la par de una cerveza fresquita?, ¿cómo se volverá niño Dios temblando cada adviento, mutilado por el imperio de las metralletas de los clanes que se disputan Somalia?, ¿contarán las doce campanadas que capean el inicio de los trescientos sesenta y cinco nuevos días con esperanza o ya solo saben contar muertos y desaparecidos, en Chad, Nigeria, Sudán, Costa de Marfil, Libia, Mali, Darfur…? No dejemos de contar entre los jaraneros espumillones y los brillos hipnotizantes de las bolas, que cuelgan del monstruoso árbol que nos abraza, otras suertes, cegándonos con el refulgir de la nuestra, porque existen otros monstruos que no asustan…

¡Feliz Navidad!, por supuesto como deseo, sin esperar aguinaldo a cambio, por supuesto también; que los Reyes Magos de Oriente te traigan regalos de los que no llevan envoltura, que los otros te los compras cuando quieras, ¿o no?: lo que darías por escuchar la voz de tu abuela más allá del recuerdo, riñéndote por no abandonar las botas a la entrada, "que lo embarrizas todo, porque vaya cómo llueve hijitos, que vamos a tener que parapetarnos con el paraguas para ir a la misa del Gallo", qué darías, dime, qué darías por escuchar el repique de las cucharas en las copas, porque la campana del pueblo queda lejos del pensamiento de tu abuelo y lejos queda volver a ver las caritas encarnadas de los niños cuando, de casa en casa, remozan el barrio cantando, porque no hay puertas a las que llamar en Ucrania, porque no hay paredes, ni copas, ni cucharas, todo escombros; ni vino, ni sopa caliente, solo frío… lejos… se acerca…

¡Feliz Navidad! Porque hoy es feliz, pero… cómo feliz si alrededor de tus pies… yo quisiera poner a sus pies… no poseo más que un viejo tambor…

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