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Opinión | Zamoreando

El Belén de las monjitas

Hay un Belén increíble, maravilloso, único, extraordinario, me faltan adjetivos, del que poco se habla siendo como es una auténtica obra de arte. Me refiero al Belén del Hogar Reina de la Paz. Al Belén de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados a las que tanto admiro y quiero y cuya labor impagable e impresionante en Zamora es merecedora de un reconocimiento público inmediato.

Figurita del Niño Jesús

Figurita del Niño Jesús / Pexels

Estos días se hablan y fotografían muchos de los belenes, públicos y privados, que se montan en Zamora. El Belén de la Diputación se lleva la palma. El de Rogelio Lorenzo, siendo particular, es de los más visitados porque Roge abre sus puertas a todos los que quieran participar del prodigio. Y digo prodigio porque en realidad lo son, todos y cada uno, incluso los hechos con plastilina que tienen su techo en el Hospital Virgen Concha.

Hay un Belén increíble, maravilloso, único, extraordinario, me faltan adjetivos, del que poco se habla siendo como es una auténtica obra de arte. Me refiero al Belén del Hogar Reina de la Paz. Al Belén de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados a las que tanto admiro y quiero y cuya labor impagable e impresionante en Zamora es merecedora de un reconocimiento público inmediato. El reconocimiento privado ya lo tienen. Se encarna en las personas allí acogidas, en sus familiares y en la cantidad de admiradores que, como servidora, tiene la comunidad que dirige Madre Edisa, una monjita todo terreno, que pone entusiasmo, alegría y una sonrisa permanente a su trabajo diario, que no es fácil.

Junto a Madre Edisa trabajan con denuedo sor Carmen, sor Consuelo, sor Ana, sor Marta, sor Irene, sor Amparo, sor Anilda, sor Argimira y sor María. Diez bravas mujeres a las que no les pesan los años, ni el trabajo ímprobo que realizan, ni siquiera las preocupaciones, que no son pocas en un hogar que acoge a tantas personas procedentes de la provincia y de la ciudad. Zamora y sus instituciones no pueden dar la espalda a esta comunidad de religiosas que son un ejemplo y que a diario pronuncian, con su trabajo y en silencio, una lección magistral.

En el Hogar Reina de la Paz está montado el belén más impresionante que se puedan imaginar y que hay que ver, y que hay que disfrutar. Es un Belén que tiene vida, donde el río fluye rumoroso, el herrero realiza su trabajo con precisión, el panadero cuece el pan nuestro de cada día, las lavanderas lavan sin parar y así todo el paisanaje de un paisaje que nos resulta familiar.

Benditas sean las Hermanitas de los Ancianos que, gracias a ellas, no están desamparados. Y gracias por hacer que Belén, la patria de todas las infancias, cobre vida.

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