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Opinión | CuZeando en la ciencia

¿De qué están hechas las luces de Navidad?

OPINIÓN | Para quienes vivieron el cambio, pasar del candil al interruptor fue un hito enorme

Encendido de las luces de Navidad en Zamora 2025.

Encendido de las luces de Navidad en Zamora 2025.

Llega la Navidad y, casi sin darnos cuenta, empezamos a desenredar cajas donde guardamos las luces del año anterior. A veces siguen funcionando y a veces no, como si tuvieran vida propia. Siempre me ha parecido curioso cómo un gesto tan sencillo como encender una guirnalda cambia el ambiente de una casa o de una calle. Y detrás de ese brillo aparentemente inocente hay más física de la que solemos imaginar.

Las luces de ahora, las de LED, parpadean aunque no lo notemos a simple vista. Lo hacen porque funcionan a partir de impulsos eléctricos muy rápidos que se encienden y se apagan muchas veces por segundo, siguiendo el ritmo de la corriente alterna. El ojo humano no llega a distinguirlo, pero está ahí, igual que el zumbido muy leve que algunos electrodomésticos hacen cuando están enchufados sin usarse. Ese consumo escondido se conoce como consumo fantasma y en la práctica significa que una bombilla, aunque esté apagada, puede seguir tirando de la red si el transformador sigue enchufado. A pequeña escala es poca cosa, pero si uno piensa en todas las luces, cargadores y aparatos de una casa durante todo diciembre, empieza a sumar.

Las guirnaldas antiguas eran otro mundo. Funcionaban en serie y eso tenía un inconveniente que muchos recordarán en casa de sus padres o abuelos. Si una bombilla fallaba, todas las demás se apagaban. No es que fueran caprichosas, es que la corriente necesitaba un camino continuo y una sola bombilla fundida cortaba el circuito. A los fabricantes se les ocurrió una solución sencilla, añadir una resistencia que cerrase el paso cuando una lámpara moría, pero aun así todos hemos vivido alguna tarde buscando cuál era “la maldita bombilla” que había decidido dejar la fiesta a oscuras.

Las guirnaldas actuales suelen ir en paralelo y por eso, aunque una luz se estropee, el resto sigue encendida. Cada bombilla tiene su propio camino para la corriente y no depende de las demás. Es una mejora eléctrica, pero también una muestra de cómo lo cotidiano se ha ido modernizando sin que nos demos casi cuenta. Igual que las primeras veces que algunos pueblos pusieron iluminación navideña y todo parecía más grande, más vivo. La tecnología siempre ha tenido ese papel silencioso de mejorar gestos tan simples como encender una luz.

A veces conecto estas pequeñas cosas con las historias que me contaba mi abuelo sobre cómo había cambiado la electricidad en las casas. Para quienes vivieron el cambio, pasar del candil al interruptor fue un hito enorme, comparable a cómo ahora asumimos con total naturalidad que las luces LED ya lo iluminan todo, sin calentarse y durando una eternidad. Hoy ya las damos por sentadas, pero la física que las hace posibles ha ido afinando cada detalle para que brillen más, gasten menos y no nos dejen a oscuras en el momento menos oportuno.

Quizá esa sea la magia real de la Navidad, que la ciencia se cuela en nuestras rutinas sin pedir permiso y convierte algo tan simple como colocar el árbol y las luces en una pequeña ceremonia familiar que repetimos año tras año sin pensar en todo lo que hay detrás.

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