Opinión
El tiempo de la preparación
OPINIÓN | "Hoy comienza la 2ª semana del Adviento, no el de la explotación comercial que nos invade en redes y qué, especialmente a los más pequeños, le llena la cabeza de pájaros disfrazados de regalos y sorpresas"

Ángel de la Anunciación en un belén en Zamora. / Alba Prieto / LZA
Hoy comienza la 2ª semana del Adviento, no el de la explotación comercial que nos invade en redes y qué, especialmente a los más pequeños, le llena la cabeza de pájaros disfrazados de regalos y sorpresas mientras descuentan los días de diciembre como cuentas del rosario hasta que llegue Papa Noel, porque si dicen hasta que recordemos el nacimiento de Jesucristo, en este mundo de la polarización y la secularización interesada, a alguno le puede explotar la cabeza.
Más allá de esto, los cristianos sí sabemos tomarnos este tiempo como lo que es. El tiempo de la alegría, el tiempo de la preparación, de la meditación, de la reflexión y la introspección, del perdón y de la conversión como nos recuerda hoy el evangelio.
También es tiempo de propósitos ¿por qué no? Todo ello se sucede mientras la vida nos inmiscuye en el horizonte de encontrarnos en poco más de dos semanas en el recuerdo de la venida del Señor en la noche santa de la Navidad. Por eso es importante que, especialmente si tenemos que educar en la fe a nuestros chavales, demos la batalla aquí porque si nos dejamos vencer, si sucumbimos al alboroto de fuera, acabará por dejar de tener sentido el grueso de la celebración navideña.
El tsunami consumista de la Navidad cada vez llega antes, no solo al comercio, sino también a nuestras casas, sobre todo si en ellas hay niños. Escuchaba en una homilía el domingo pasado cómo un amigo contaba a los fieles de su parroquia cómo preparar a los niños para la Navidad. Venía a decir que, en estos días previos, la preparación es tremendamente entusiasta y "el día grande", el día de Navidad, pues, por ejemplo, es difícil encontrar a los niños de las catequesis en las misas parroquiales. Haciéndose realidad el dicho popular de "días de mucho, vísperas de nada". Y tiene razón, la verdad, cuando reflexionas sobre lo que comentaba al principio de los calendarios de adviento. Aunque nos cueste —insisto— invito a todos a reflexionar sobre ello. Porque, en nuestro deber de cristianos de ser espejo de lo que el evangelio nos ha calado, está también transmitir el sentido y cómo celebrar las fiestas, sobre todo fiestas tan importantes como la Navidad.
Aunque nos escandalice la coyuntura, tenemos que hacer pedagogía para no cesar en adaptar el evangelio a esta circunstancia. Saber poner los valores del Adviento en la cabeza de aquel niño que se emociona porque ve un horizonte de gominolas.
Preparémonos pues revisando donde está nuestra condición vital y donde está nuestra condición cristiana. Busquemos un adviento más pleno para que lo que venga tenga sentido. Aprovechemos la celebración mañana de la Inmaculada Concepción de María para ser conscientes de qué tenemos y de qué queremos ser en la Navidad inminente. Para que nuestra acción cristiana —más en este tiempo— esté cargada de sentido. Que Dios les bendiga a todos en el tiempo que viene.
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