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Opinión | Buena jera

Calma, sí, pero soluciones, también

OPINIÓN | "El panorama es muy distinto al de 1994, año en el que la peste porcina desapareció de España. Y lo es porque la cabaña de porcino ha aumentado enormemente y nuestro país es la primera potencia europea"

Un jabalí en una imagen de archivo.

Un jabalí en una imagen de archivo. / FRC

La aparición en la sierra de Collserola, cerca de Barcelona, de jabalíes muertos afectados por la peste porcina africana (PPA) h alarmado al sector ganadero español. No se han detectado casos entre las explotaciones de cerdo ni en Cataluña ni en el resto de España, pero el miedo está ahí, vuelve después de 31 años en los que esta enfermedad estuvo erradicada de España. No hay cerdos con PPA ni granjas sospechosas, pero sí hay ya una importante repercusión económica, muy dañina para criadores, mataderos, carniceros, fabricantes de embutidos y un largo etcétera. Y provoca, además, un fuerte impacto social: si las naves de porcino se arruinan y cierran, se perderán empleos y aumentará la despoblación en pueblos donde la cría de cerdos sustenta a varias familias. Toda una cadena de desastres que tiene en vilo a mucha gente. Éramos pocos y.. Ya saben.

Quizás no sea el mejor momento para recordar eso de "ya os lo decía yo", pero conviene no olvidar que bastantes ciudadanos y, especialmente, las organizaciones agrarias llevan años y años avisando tanto de la excesiva proliferación de la fauna salvaje, como de la escasa vigilancia de los organismos responsables. Desgraciadamente, las autoridades suelen hacer más caso a los movimientos llamados ecologistas que a los paisanos que viven en los pueblos y que a los agricultores y ganaderos que se quejan y protestan porque jabalíes, ciervos y demás les destrozan los sembrados o les comen las cosechas. Hay que mantener a los animales salvajes, son tan bonitos, dan una imagen tan agradable, pero nadie viene desde la ciudad a echarles de comer ni se preocupa en exceso por su salud. Cuando, hace un tiempo, aparecieron ciervos muertos en embalses de Zamora, se anunciaron medidas, vigilancia. ¿En qué quedó todo? Las organizaciones agrarias aseguran que la situación ha ido a peor, como si fuera a resolverse por sí sola.

Y ahora ataca la peste porcina africana. Y el panorama es muy distinto al de 1994, año en el que desapareció de España. Y lo es porque la cabaña de porcino ha aumentado enormemente y nuestro país es la primera potencia europea (8.800 millones de euros en exportaciones a 120 naciones y, de ellos, 3.700 fuera de la Unión Europea) y una de las principales del mundo. El porcino es uno de los pilares económicos del sector agro-ganadero y, por tanto, aquello que le perjudique, como es el caso de la PPA, tendrá una fuerte, y negativa, repercusión en vidas y haciendas y en el mantenimiento del medio rural.

Desde varios ámbitos se piden calma y tranquilidad. La PPA no ha alcanzado a ningún cerdo ni ha llegado a este nuestra tierra. Los jabalíes muertos vivían a unos 8.000 kilómetros de Zamora y las medidas adoptadas en Cataluña, entre ellas la actuación de la UME, parece que están dando resultado. Pero no hay que bajar la guardia. Cualquier pequeño descuido o error puede ser catastrófico. Son necesarias soluciones concretas y también investigación exhaustiva sobre el origen de este brote. Las primeras informaciones hablaban de los restos de un bocadillo con carne infectada que habría comido algún jabalí de la zona. Alguien dijo que lo podría haber tirado un camionero, lo que ha propiciado la protesta del gremio de camioneros. Ahora se rumorea que podría proceder de un laboratorio donde se está experimentando para lograr una vacuna contra la PPA. Sería muy grave, pero mejor no adelantar quimeras.

Y, obviamente, en situaciones como ésta, todo el mundo interviene. Los ecologistas afirman que los jabalíes no tienen la culpa y que no hay tantos como se dice. Los cazadores se ofrecen a intervenir y lamentan la mala imagen que ciertos sectores proyectan de ellos. Y las organizaciones agrarias insisten en mayor vigilancia y un control férreo que impida que la fauna salvaje crezca y crezca sin parar. Y a las administraciones cabe pedirles que olviden rencillas partidistas y trabajen conjuntamente en busca de soluciones. El problema lo merece y exige.

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