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Opinión

Volver a nacer, Coomonte

OPINIÓN | Javier García Martín: "La obra de Coomonte es, sobre todo, rotunda y novedosa"

José Luis Alonso Coomonte.

José Luis Alonso Coomonte. / J. G. M.

La vida merece tanto la pena que una nunca es suficiente. La mente libre del escultor José Luis Alonso Coomonte hubiera merecido, al menos, otra oportunidad. Sí, una vida más para seguir dibujando, cincelando, modelando, martilleando el hierro para doblegarlo. Para seguir, en definitiva, buscando la belleza -que nunca cansa ni se cansa- en toda materia y en todo lugar. Para seguir creando, dando rienda suelta a una imaginación desbordante, sin filtros.

La obra de Coomonte es, sobre todo, rotunda y novedosa. Lo fue en el campo del arte religioso, donde impulsó, junto al pintor Kiko Argüello y el vidrierista Muñoz de Pablos, el colectivo Gremio 62 para renovar con carácter de unidad la estética del espacio litúrgico. Y lo fue también en su otra gran faceta, la de la escultura aplicada a la arquitectura.

La etapa más prolífica de Coomonte coincidió en el tiempo con la construcción de numerosos edificios, públicos y privados, cuyos arquitectos encontraron en los artistas plásticos la complicidad necesaria para completar y embellecer sus obras. La antigua sede del Banco de España en Zamora -próximo Cuartel de la Policía Municipal- es quizá su obra más monumental en este campo. El edificio fue proyectado por el arquitecto leonés Ramón Cañas Represa en 1983 y la aportación de Coomonte -especialmente la enorme rejería exterior a modo de celosía- configura de manera definitiva la visión del conjunto.

Cinceles de Coomonte.

Cinceles de Coomonte. / J. G. M.

Sus aportaciones para las sucursales de las antiguas cajas de ahorro provinciales son muy interesantes y merecen ser estudiadas y protegidas. Baste citar la de Benavente, sucursal ahora de Unicaja, o la de León en la calle Ordoño II, actual edificio administrativo del Ayuntamiento.

Las obras de Coomonte son infinitas y van desde lo más pequeño a lo más monumental: rejas, puertas, jardineras, crucifijos, dibujos, cabezas, composiciones con materiales reciclados, balaustradas, panteones … y riegan toda la geografía nacional. Tarea ardua para quien intente inventariarla, acotarla o encerrarla en una etiqueta.

El proyecto de divulgación cultural "Artistas de Zamora en el siglo XX" nació no con el ánimo de reunir o catalogar, sino con el de ser un aldabonazo en las conciencias ante la desaparición de una generación extraordinaria de artistas. Sus vidas son finitas, pero no tiene por qué serlo su legado. Esa es la misión: conservar la memoria, la identidad de un paisaje que puede leerse también a través de las obras de Coomonte.

José Luis Alonso Coomonte y Javier García Martín.

José Luis Alonso Coomonte y Javier García Martín. / J. G. M.

En la inauguración de su última exposición, la organizada por el Centro de Estudios Benaventanos "Ledo del Pozo", el escultor contó una anécdota de la infancia y concluyó: "¿Para qué quiero la ropa?, si vine desnudo y me iré desnudo". Pues así es: morir para nacer. Al modo de Nietzsche, arder en la llama de la fragua interior para volver a la vida que ya late en el hierro de una obra eterna. Buen viaje, genio.

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