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Opinión

José Luís, te vas pero te quedas

OPINIÓN | Luis Felipe Delgado de Castro: "Merecido, aunque tardío, fue el barandales de honor que le concedió la Junta pro Semana Santa en 2016 a José Luis Alonso Coomonte, el año que un servidor ofrecía el pregón el domingo de Ramos y allí compartimos estatuillas y emociones cogidos de la mano como buenos amigos."

20 de marzo de 2016. Coomonte y el autor del artículo al final del acto del pregón.

20 de marzo de 2016. Coomonte y el autor del artículo al final del acto del pregón. / Alba Prieto / LZA

José Luis llegó a la Semana Santa de Zamora, cuando ya era un escultor consagrado. Entró en ella cuando ya sus trabajos ennoblecían lugares de fuste civil o talla religiosa y sus rejas, murales, tótems, puertas, figuras y otros elementos decorativos iluminaban numerosos espacios de arte en diferentes puntos del país. Del primitivo taller de forja de Benavente, del que salieron dos imágenes devocionales, el Flagelado para su ciudad natal y La flagelación para lo localidad leonesa de Santa Lucia de Gordón, a la formidable fábrica de ideas y trabajos de Arganda, en la que nacieron y se forjaron la gran parte de las obras de su espléndida madurez, hasta San Marcial, ya no taller ni almacén con tener ambas misiones, sino un templo en el que durante estos más de cuarenta años, José Luis se rodeó de sus dibujos, de sus maquetas y de esas colecciones que no se van a echar a perder estando Marianela por medio, su infatigable compañera, las manos, oídos y pies de José Luis, que lo ha conducido por la vejez con tanta dignidad y coherencia.

En 1981, en pleno proceso de resurgimiento de la hermandad de Jesús en su Tercera Caída, la entusiasta directiva de la hermandad, encabezada por Juan Fernández Prieto, le eligió para ser el autor de la mesa procesional de su imagen titular. José Luis innovó y arriesgó de tal forma que la mesa fue un modelo completamente distinto a los tradicionales materiales empleados hasta entonces. Utilizó la fibra de vidrio, teñida de color broncíneo, con alegorías de las catorce estaciones del Vía Crucis y causó sensación y hasta cierta controversia entre los semanasanteros más conservadores. Tuvimos ocasión de entrevistarle en Radio Popular, en el programa Redención, cuando la trajo y allí conocí en persona al escultor del que tantas elogiosas referencias habíamos hecho en la información cultural con anterioridad, desde que multiplicase sus trabajos tan atractivos y singulares que habían arrancado, casi sigilosamente, años antes, en 1960, en la Bienal de Arte Sacro de Salzburgo con su originalísima custodia, el "ostensorio".

Los zamoranos bautizaron graciosamente aquella mesa tan original con el sobrenombre de la "tanqueta", por su diseño, forma y color. La cofradía pensó años después en sacar a hombros la imagen titular y la llamada “tanqueta” ya no servía para su propósito. Tras unos años varada en el almacén de pasos, se colocó, ya troceada, en la iglesia de San Lázaro como base de un primer altar para la imagen y más tarde, con la autorización de José Luis, representar las estaciones del Vía Crucis que escolta la imagen del Cristo a uno y otro lado de su nuevo altar.

Aquella relación entre el escultor y la hermandad fructificó y José Luis, guiado de su gran corazón, deseoso de colaborar aún mas con la hermandad y por ello con la Semana Santa, fue regalando año tras año numerosas cruces procesionales, en las que demostró una vez su consumada maestría en el manejo de distintos materiales tan diferentes como el bronce o el vidrio, pasando por la madera y el aluminio, cruces de distintos tamaños.de distintos tamaños Pequeñas obras de arte en las que, con el símbolo mayestático de la cruz, José Luis recreó formas y estilos tan diferentes. Pero su consagración definitiva con la cofradía se consolidó con la genial idea de concebir y forjar una cruz formada con los yugos de arado que uncían los animales en las tierras de su querida Zamora y que la técnica había arrinconado. Fue en 1987. Doce años después volvió a asombrarnos cuando adquirió unas cuantas rejas de arado y tejió con ellas una hermosa corona de espinas, en un alarde de imaginación y destreza.

Zamora. Tercera caída

Corona de espinas elaborada por José Alonso Coomonte con arados. / Alba Prieto / LZA

Su último trabajo semanasantero ha sido para la hermandad de "Jesús Luz y Vida", esa otra cruz, que él bautizó como la "la cruz de los ausentes", en la que volvió a demostrar su genialidad, manejando el vidrio con una delicadeza y pericia admirables.

Merecido, aunque tardío, fue el barandales de honor que le concedió la Junta pro Semana Santa en 2016, el año que un servidor ofrecía el pregón el domingo de Ramos y allí compartimos estatuillas y emociones cogidos de la mano como buenos amigos.

Añado las palabras que le dediqué en mi pregón aquel día cuando recogía el galardón. Dije entonces: "Hoy aquí, amigo, has cogido un bronce especial entre tus manos. Repica con él, lo tienes merecido. Creaste un haz de hermosas cruces para el prólogo de la procesión de Jesús en su Tercera Caída y has ennoblecido el patrimonio de la hermandad con ellas. De todas las que pusiste en pie, me impresiona, José Luis, la cruz hecha con yugos, ese instrumento de madera que suma la fuerza de los bueyes de Aliste o de la tierra del Pan, para trabajar el terruño y con los que hiciste un emblema de unidad, que no de servidumbre. De fuerza e ideales compartidos pero no impuestos. Una señal de solidaridad, que no de humillación. Hoy día, al ver pasar esa cruz de yugos, mañana mismo, hermanos, amigos, me entristece la idea de pensar que es el fiel ejemplo de esa otra cruz hecha con yugo de olvidos con la que han uncido a esta nuestra tierra que, así me lo parece muchas veces, marcha camino de ninguna parte".

José Luis, te vas pero te quedas. Te seguiremos viendo cualquier día al pasar por tu "farola", reivindicada su pintura antaño con tanta verdad como enojo, en ese "elogio del horizonte"” que descansa ahora a la orilla de la muralla y ese miliario que en la Plaza de la Marina modelaste y erigiste con toda la historia de Zamora,

Y aquí en Salamanca, en la "radio estrella", de la avenida de Portugal y en ese impresionante monumento a la Constitución que encuentra ahora su lugar junto al palacio de Congresos. Hasta siempre, amigo.

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