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Opinión

Y sin embargo se mueve

OPINIÓN | "Los puentes, en general, suelen unir, ya que comunican dos lugares que la naturaleza los ha configurado separados. Pero en Zamora existe un puente que está provocando la reacción contraria"

Puente de piedra de Zamora.

Puente de piedra de Zamora. / Alba Prieto / LZA

Los puentes, en general, suelen unir, ya que comunican dos lugares que la naturaleza los ha configurado separados. Pero en Zamora existe un puente que está provocando la reacción contraria. Aquí, en Zamora, el puente más longevo, el más representativo de la ciudad, por diversas circunstancias, está dando lugar a controversias. Y es que se está dirimiendo lo que pudo ser y lo que realmente ha sido, tras las obras de remodelación. Para muchos, lo que pudo ser un puente peatonal se ha quedado en otro poco adecuado para personas discapacitadas y, a más a más, sujeto a provocar más de un tropezón a cualquier viandante. Un puente, que además tiene un pretil seis centímetros más bajo del que marcaba el proyecto y la norma oficial establecida a esos efectos. Hay también quien dice que el pavimento no es el que estaba prescrito en el contrato, en parte por no cumplir con el fin establecido, y en parte porque algunos de los materiales empleados no parecen coincidir con los del proyecto. Se trata del Puente de Piedra. De un puente que, aunque algunos puedan pensar que no es cosa de nadie, en realidad es cosa de todos por tratarse de parte de nuestro patrimonio histórico.

Pero el Ayuntamiento, tan estricto en exigir que las obras que realizan los ciudadanos a nivel particular, sean ejecutadas según lo establecido, no parece muy proclive a subsanar las anomalías que, al parecer, padece el llamado por algunos "puente de los seis centímetros". Algo, realmente extraño, ya que al ser el propio Ayuntamiento el contratista de la obra, es su responsabilidad exigir su correcta ejecución y control.

En un momento determinado, esta polémica ocupó amplios espacios en los medios de comunicación. Pero, el paso del tiempo ha ido puliendo todo lo que se le ha puesto por delante. También la obra de remodelación del Puente de Piedra. Parece que un espeso manto de niebla haya ido cubriendo sus piedras haciendo que no pueda verse con claridad lo que esconde el resultado final del proyecto. Pasados los años, nadie se acordará de estos antecedentes, salvo en los momentos en los que unos inoportunos tropezones hagan que se le destape el tapón de la memoria a algún viandante.

Dicen algunos expertos que a día de hoy no puede exigirse una ejecución de este tipo de trabajos como se hacía hace siglos, en especial del pavimento. Pero quizás sí podría hacerse como hace unos cuantos años, como podría ser el caso del embaldosado de la calle de los Herreros. No se trataría de poner todo en solfa. Ni de enmendarle la plana a nadie. Sino de corregir los posibles defectos en los que se haya podido incurrir.

Prueba de ello fueron las declaraciones realizadas el once de julio pasado, en medios locales, por parte del concejal Novo, que venían a decir "Será necesaria una nueva intervención en el Puente de Piedra para elevar la altura del pretil del mismo, tras detectar deficiencias en su ejecución", "Fiscalizamos, detectamos y obligamos a rehacer lo que no está bien hecho. Así debe ser", "Los trabajos deberán comenzar antes de que finalice el año, y la duración prevista es de pocos meses".

Mas contundente declaración, parece difícil de superar. Algo estaba mal, y había que corregirlo. Pero, héteme aquí que donde se dijo digo, ahora se dice Diego. En fecha veintinueve de octubre pasado, el alcalde Guarido vino decir que el puente "se quedaba como está", que no se tocaba, que quedaría con sus defectos de ejecución, alegando que "todo el mundo reconoce que ha quedado bien". Pero, en realidad, no se trata de valorar solo su aspecto, sino de corregir o no los posibles incumplimientos técnicos.

Cuando se encontraba en la oposición, se habrían sorprendido si entonces, el ahora alcalde, hubiera dejado escapar una ocasión como ésta para obligar al gobierno municipal de turno a cumplir al pie de la letra los términos de un contrato como el del Puente de Piedra

No era este el estilo al que nos tenía acostumbrados el actual alcalde. No es bueno empeñarse en querer tener siempre la razón, como aquel que decía aquello de "Yo siempre digo la verdad, incluso cuando miento". Cualquiera puede llegar a cometer un error, pero también tiene la obligación de corregirlo, ya que rectificar es cosa de sabios.

Para cerrar el círculo, el primer edil también informó que el problema "estará zanjado con un decreto". Aunque parezca un poco chocante que un incumplimiento técnico pueda solucionarse con un decreto, la cosa debe de ser así, porque así se ha dicho, o "así es, si así os parece" que llegó a decir en su día Pirandello.

Quienes hayan seguido la trayectoria del alcalde Guarido en el Ayuntamiento de Zamora, especialmente cuando se encontraba en la oposición, se habrían sorprendido si entonces, el ahora alcalde, hubiera dejado escapar una ocasión como ésta para obligar al gobierno municipal de turno a cumplir al pie de la letra los términos de un contrato como el del Puente de Piedra.

"Y sin embargo se mueve", posiblemente volvería a decir Galileo. n

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