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Opinión

"A mí lo que me divierte es vivir"

OPINIÓN | Fernando Regueras Grande: "En la tierra de Benavente aprendió y apresó Coomonte la intimidad de las piedras fértiles, su nombre y sus filones"

José Luis Alonso Coomonte en la inauguración de la exposición sobre su obra que organizó en mayo de 2025 el CEB Ledo del Pozo.

José Luis Alonso Coomonte en la inauguración de la exposición sobre su obra que organizó en mayo de 2025 el CEB Ledo del Pozo. / J. A. G.

José Luis Alonso Coomonte (1932-2025) es, con Baltasar Lobo (1910-1993), el otro gran escultor contemporáneo de la tierra. Hace tres cuartos de siglo realizó su primera exposición y en la primavera de 2025, la última, también en Benavente. Hubo más, pero esta es la que todos hemos hecho con más ganas. No fue, ni quiso ser una retrospectiva, más bien una muestra introspectiva, hacia dentro, un reencuentro del artista consigo mismo y con sus paisanos. En casa y un guiño a su obra toda.

Aquí aprendió Coomonte lo que es heñir la materia, el pan, el barro, las formas que sazonó su madre, Benita, tahonera; el haz leñoso y las texturas, la talla, los secretos de la madera de su padre ebanista, Heliodoro; la gestación del hierro en esta tierra pródiga de ferrerías (Ferreras, Ferreruela, tantos escoriales…), que maduran el yunque y la bigornia, sí, aquí supo Coomonte del rayo que copula el crudo mineral, de esa doma metalúrgica del forjador, de la mano de Felipe Santiago, el herrero, casi quintos, y que más de medio siglo después se reencontraron en su Benavente natal. Aquí aprendió y apresó Coomonte la intimidad de las piedras fértiles, su nombre y sus filones. Después, hospitalario, abrió los ojos al cristal, las resinas, la firme voz del hormigón, el bronce, el aluminio, los cáusticos espejos de la ironía pop, del povera. Ecléctico, sí, como la vida: la calle y su celo vertical y lúdico. Aquí, en esta tierra áspera, arrancó José Luis su versátil labor docente, entre dibujos, y luego en Madrid y Salamanca. Los mayos de la tierra se izaron en tótems, cucañas y miliarios o farolas donde trepar, sin performances; y escribir la ciudad entera con la piel de sus rejas o teñirla de murales, vidrieras y cosas.

En este mosaico de ríos, veneras y vírgenes, artesano y artista, tanto monta: rigor y amor por el oficio, juguetón, público y privado, ni abstracto, ni figurativo, sino su erógeno lazo en máquinas inútiles que nos sirven para eso que antes llamábamos pensar (o reír). Junto al ostensorio de Nicolás de Cusa, "bandada de pájaros" lo apellidó Alejandro de la Sota, José Luis Alonso Coomonte ha vuelto a casa, de donde se fue, pero nunca salió, donde los mineros de Asturias le dieron galletas en la Soledad el 19 de julio de 1936 y tuvo novias y recuerdos.

Luego de dos años de tientas y trabajo, abrimos las puertas a todos los ciudadanos a tu última pequeña intensa exposición, un taquillazo de nuestras memorias, también la tuya.

Mira a ver cómo juegas con tus cenizas. Y eso que nos decías, ¿te acuerdas?: "A mí lo que me divierte es vivir".

Un abrazo, José Luis y buena suerte.

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