Opinión
Coomonte, hierro sacro
OPINIÓN | Rafael Ángel García Lozano: "La muerte de José Luis Alonso Coomonte nos ha llevado al más universal de nuestros escultores contemporáneos"

Cruz de Yugos de Coomonte. Procesión de la Tercera Caída de Zamora. / JOSE LUIS FERNANDEZ / LZA
La muerte ayer de José Luis Alonso Coomonte nos ha llevado para siempre al, sin duda ninguna, más universal de nuestros escultores contemporáneos, o artistas en general. Junto con Miguel Manzano, en poco más de año y medio hemos perdido a los dos más prestigiosos y reputados creadores que ha dado esta tierra al mundo. Y no exagero un ápice. Las composiciones del músico siguen en vigor en toda Iberoamérica y las creaciones de Coomonte cruzaron las fronteras llegando de forma permanente incluso hasta Asia. Manuel Esteban Lamas, vivo y jovial entre nosotros, es quizá la tercera pata de este triunvirato de máximos, extendido mucho más allá de los exiguos límites de la Bien Cercada y su provincia.
Nacido en Benavente en 1932, el influjo del oficio paterno como artesano de la madera encaminó al futuro escultor hacia la dedicación que le atrapó para el resto de su vida. Se formó entre la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, las sesiones vespertinas de pintura en el madrileño Círculo de Bellas Artes, la especialización en escultura en el segoviano castillo de Coca y el estudio colectivo que abrió con Juan Antonio Palomo y Valeriano Martín Turrión. También con su participación en el "Gremio 62" junto con Carlos Muñoz de Pablos y Kiko Argüello. Todo lo demás fue insistir, constantemente, en el oficio. Hasta poco antes de morir. Consiguiendo crear una obra escultórica de carácter realmente universal.

Coomonte con varias de sus obras. / C.C.
La participación de Coomonte en 1960 en la II Bienal de Arte Sacro, celebrada en Salzburgo, como representante de España fue la oportunidad idónea y la ocasión aprovechada al máximo. Logró la Medalla de Oro en la especialidad de escultura con su "Ostensorio" y, a partir de ese momento, se multiplicaron los encargos, principalmente religiosos. Éstos llegaron precisamente en tal volumen que lo consagraron como el más exitoso creador español de vasos sagrados, mobiliario litúrgico, ornamentación y rejería del tramo central de la segunda mitad del siglo XX. Gracias a su particular estilo y a su oficio en la forja del hierro, el benaventano puso de relieve las posibilidades expresivas de este material en su empleo para la creación de piezas de arte sacro de vanguardia. Alternando entre el cubismo y la abstracción, ofreció una respuesta plenamente entroncada en la modernidad, frente a los materiales nobles –también en metalistería- hasta entonces habituales en los usos sagrados. En nuestro propio país y en gran parte del orbe católico, la reforma litúrgica y del lenguaje artístico a su servicio demandaba con especial interés novedad, vanguardia y nuevas piezas para las arquitecturas religiosas que se levantaban en torno al influjo del Concilio Vaticano II (1962-1965). Coomonte aprovechó de nuevo la ocasión, aportando sus creaciones al hilo de esta renovación. Destacan sus trabajos en las iglesias de los Sagrados Corazones de Madrid, la Virgen de las Nieves de Mirasierra o de Las Lomas en Boadilla, la iglesia de San Mateo en Vitoria, además de la catedral de Isabela (Filipinas) o la sinagoga judía de Madrid. En nuestra provincia dejó obra sacra de notable calidad en las iglesias de Cristo Rey, Lourdes, Navianos de Valverde, el convento de San Juan de Jerusalén y la residencia del Amor de Dios, todas ellas estudiadas en mis libros y artículos académicos sobre arquitectura religiosa contemporánea zamorana. También creó un paso para la semana santa benaventana y varios enseres para las cofradías de Jesús en su Tercera Caída y Jesús Luz y Vida. Así pues, su obra religiosa es amplísima, tanto en hierro, otros metales o en madera, contribuyendo de forma decisiva a la renovación de la arquitectura religiosa contemporánea española. Con su fama ya consolidada, poco a poco fueron llegando creaciones y encargos estrictamente profanos.

Coomonte muestra su Ostensorio, premiado en 1960 en Salzburgo, en Las Edades del Hombre del año 2011. / Ical
Coomonte fue también director de la Bienal de Arte de Zamora, difunta por gracia del desinterés generalizado por las expresiones artísticas y la falta de constancia en apoyar lo bueno en nuestras latitudes. A veces nos cansamos pronto. Apenas casi 20 años después de su última edición en su formato tradicional (2006), quizá la muerte de Coomonte pueda servir como revulsivo para lanzar de nuevo esta propuesta cultural que situó a Zamora entre las más altas cotas de la pintura. O quizá haya que recordar la "performance" que el propio Coomonte nos contó y que él mismo protagonizó repartiendo pan de ángel entre algunos asistentes… Algunos se rieron de esta y otras excentricidades suyas, pero en ocasiones éstas son la forma más sutil de decir puras verdades. Aunque puede que no sea una excentricidad más una de sus ilusiones confesadas: sacar la Eucaristía en su Ostensorio en la procesión del Corpus. ¿Quizá con la excusa de Las Edades del Hombre?
Precisamente en virtud de mis investigaciones para mi tesis doctoral nos citamos en varias ocasiones. Ya estaba mayor y mostraba un puntito de divo. Sin embargo, en nuestras conversaciones me dejó algunas perlas –de sabio- que ahora rescato, respetando su voluntad. "La vida tiene riesgos porque es vida; la muerte no tiene riesgos. Y conviene que el equipaje sea lo más ligero posible". A la tumba vamos con las manos vacías, quizá esperando llenarlas en la vida eterna. Mientras, Coomonte nos ha dejado aquí un equipaje repleto.
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