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Opinión

Coomonte, artista, genio y figura

OPINIÓN | David Gago: "Yo soy un niño que jugó entre el Equilibrio Horizontal, en aquella plaza de Hacienda, donde una rara escultura nos invitaba a acercarnos, a tocar y disfrutar el arte"

FEBRERO 1999 , ESTATUA DE COOMONTE UBICADA EN LA PLAZA DE CASTIOLLA Y LEON FRENTE A HACIENDA

FEBRERO 1999 , ESTATUA DE COOMONTE UBICADA EN LA PLAZA DE CASTIOLLA Y LEON FRENTE A HACIENDA / FELMAR / OPZ

Nos ha dejado José Luis Alonso Coomonte, uno de los artistas zamoranos más prolíficos, polifacéticos y extraordinarios de nuestro tiempo.

Coomonte es parte del alma y esencia de Zamora; su esencia está en cada rincón de nuestra ciudad, en nuestros parques, en nuestras calles, en nuestro Campo Santo.

Escribir de Coomonte es hacerlo de un genio infinito que, a fuerza de mucho trabajo, se convirtió en figura de esta ciudad.

Coomonte es rejas, es campo; su arte significa encumbrar los humildes materiales de Zamora y elevarlos a los altares.

Desde que, en 1960, su conocido "Ostensorio" ganase el primer premio de la Bienal de Salzburgo, su manera de entender el arte cristiano, amparado en los aires postconciliares, ganó un espacio en nuestra tierra.

El hierro forjado que envuelve a los cantos del terruño ha dejado siempre atrapada la esencia del artista, como si el objetivo fuera hacer eterna la tierra que le vio nacer y morir.

Coomonte es el maestro de las figuras de hierro retorcido, el artista que elevó el vidrio a la categoría de piedra preciosa y quien mejor jugó con los círculos que nos envuelven y nos coronan como sociedad occidental.

Hace unos años, en 2013, tuve la magnífica oportunidad de entrevistarle para la revista Barandales con motivo de la realización del cartel anunciador de la Semana Santa: anunciar la Semana Santa desde el origen, desde lo simple y lo simbólico.

Un solo café en el Parador para atender una clase magistral y lograr entender que, en su concepción artística de nuestra ciudad, lo redondo era lo más representativo de Zamora, de su casco antiguo, de nuestra Semana Santa.

Zamora es una ciudad redonda para ser observada, una ciudad concreta y simple, una ciudad de penitencia.

Pero Coomonte no es solo ese artista relacionado con lo religioso; también es el artista de nuestras plazas, portales y calles, el de las esculturas más queridas.

Yo soy un niño que jugó entre el Equilibrio Horizontal, en aquella plaza de Hacienda, donde una rara escultura nos invitaba a acercarnos, a tocar y disfrutar el arte.

¿Qué niño de mi generación no se rescolgó de aquella obra? ¿Qué niño no jugó a intentar romper el equilibrio del arte?

¿Quién no ha correteado de niño y se ha embelesado en las barandillas del Centro Comercial "La Marina"?, entre celebración y celebración Coomonte eterno que es parte de la vida diaria de Zamora.

Su marcha es una dura pérdida que deja encima de la mesa una obligación moral que tenemos como ciudad: el reconocimiento a un grupo de artistas que han elevado a Zamora a la máxima categoría del arte contemporáneo del siglo XX y lo han exportado más allá de nuestras fronteras.

Hoy todos nos quedamos un poco huérfanos por su marcha y mientras escribo, un ejemplar de la revista Barandales en mis rodillas para recordar aquella entrevista y alzo la mirada con la suerte de contemplar una de sus obras en mi casa, con motivo del COVID-19, y pienso la suerte que he tenido de conocer a un genio de nuestro tiempo, a uno de los artistas que le ha dado personalidad y originalidad a Zamora.

Zamora tiene razones para sentir la muerte de manera cercana porque Coomonte era un vecino más, un benaventano de nacimiento al que era sencillo ver tomar un café en Los Tilos o pasear por la Rúa.

Un artista genial, singular, que nos deja un legado de obras inmenso que siembra toda la ciudad, para que no olvidemos nunca que el genio de lo simple, de lo redondo, del hierro y de la piedra vivió, creó y soñó en nuestra Zamora.

Que la tierra que tanto te quiso y respetó te acoja en sus entrañas.

Descansa en paz, José Luis Alonso Coomonte, artista, genio y figura de Zamora.

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