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Opinión

Paz civil

OPINIÓN | Todos están en la encarnizada polarización y todos, y esto es desesperante, se echan las manos a la cabeza cuando ven que los extremismos crecen

Los expresidentes Felipe González y José María Aznar durante un acto de la CEAPI.

Los expresidentes Felipe González y José María Aznar durante un acto de la CEAPI. / José Luis Roca

Hace unos días, con motivo de recibir el Toisón de Oro, Felipe González, en uno de los mejores discursos que le he escuchado, señaló que el gran reto que tenemos los españoles es preservar la paz civil, un marco de convivencia pacífica. No dijo conquistar, ni reconquistar, dijo preservar; es decir, proteger lo que se tiene en estos momentos porque se presume que está en peligro, peligro que él mismo apuntó al señalar que "la confrontación como principio es dañina para todos los pueblos". Desde luego que dan para pensar las palabras del presidente que nos gobernó durante casi catorce años, cuatro legislaturas, con las tres primeras por mayoría absoluta, que no es cosa menor.

Sus palabras hacen alusión directa a los tiempos de irritación en los que vivimos los españoles, especialmente en los últimos años, y cómo este clima convulso da alas a las posturas extremistas de uno y otro signo, que ya venían apuntando sus maneras de hacer política desde que se fundaron VOX y Podemos. La exageración y la confrontación es su seña de identidad, pero la han impregnado hasta la náusea al PP y al PSOE, así como a sus redes de comunicación, cada vez más furibundas militantes y menos informativas. Así que, temerosos de sus extremos, se han apuntado a la contienda sin pudor ni medida y sin el menor decoro.

Todos están en la encarnizada polarización y todos, y esto es desesperante, se echan las manos a la cabeza cuando ven que los extremismos crecen. Entonces, cargan la responsabilidad sobre los de enfrente sin hacer el menor análisis de lo que ellos hacen para que esto suceda, de manera que parecen extraterrestres caídos en este lodazal del que nada tienen que ver, faltaría más.

No voy a hablar de los causantes de que la paz civil esté en riesgo, porque ya lo he hecho, incluso en estas mismas páginas, y me aburre el tema, pero sí quiero compartir con mis lectores la absoluta inconsciencia con la que están dinamitando la paz social por no entender, en mi opinión, lo que es la tolerancia ni la responsabilidad.

Los unos y los otros arremeten visceralmente contra el adversario, convertido en enemigo, ante cualquier crítica y lo hacen no con argumentos, sino con insultos y descalificaciones. Se ha instalado la barra libre para los voceros de taberna, que ignoran que la tolerancia lleva implícito el reconocer en la crítica, no en la barbarie lingüística, que se ha tomado en serio la postura que se critica y no se comparte, como señala Fernando Savater, amado y odiado por todos los bandos según la ocasión.

Pero no solo no comprenden la tolerancia, sino que son unos irresponsables, que es más grave, por su incapacidad para detenerse un momento a analizar su comportamiento y las consecuencias que se derivan. En el período entre las dos guerras mundiales describió esta insensatez a la perfección Herman Hesse: "Meditar una hora, entrar un rato dentro de sí e inquirir hasta qué punto tiene uno parte y es corresponsable en el desorden y la maldad del mundo; mira, eso no lo quiere nadie". ¡Menudo esfuerzo pensar y, encima, sobre nuestros propios actos!

Esta es la tragedia de todos aquellos, políticos o no, que piensan no solo que siempre están en posesión de la verdad, sino que los demás, amén de estar equivocados, han de ser exterminados ideológicamente, culturalmente y hasta físicamente, si se puede. Y esto les convierte en imbéciles, esos seres que, en palabras de Georges Bernanos, "prefieren matar que pensar".

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