Opinión | Zamoreando
Ya estamos en diciembre
OPINIÓN | Esas cosas que se sienten a nivel del corazón que son tan gratas, porque ponen de manifiesto que nuestro corazón está vivo y late en sintonía con la realidad que nos disponemos a vivir

Encendido luces Navidad Zamora 2025. / José Luis Fernández
Otro año que se pasa sin que me haya dado tiempo a saborearlo como yo quiero. Las obligaciones, los compromisos, las prisas, cuantas veces sin pausa, todo juega en contra. No hay nada que vaya despacio, ni siquiera el lento caminar al que obligan los años. Llega diciembre con su tremenda carga emocional. Son las emociones que despierta la Navidad y el cambio de año. Son sentimientos dispares, ilusión y alegría, tristeza y añoranza. Aunque tristeza y añoranza pesen no es para apostatar de la Navidad.
Para mí la Navidad, a pesar de su ausencia, sigue siendo mi buena madre. La alegría de la llegada de un Niño con el que no nos vamos a portar muy bien que digamos pero que viene para cambiarlo todo, para resolverlo todo, ¡sólo que por eso, merece la pena! Esas cosas que se sienten a nivel del corazón que son tan gratas, porque ponen de manifiesto que nuestro corazón está vivo y late en sintonía con la realidad que nos disponemos a vivir. Hay que querer vivirla. Lo que no podemos hacer, nunca, es abandonarnos a la indiferencia, a la desidia, al consumismo, a todo eso que ha travestido la verdadera Navidad.
Sé que hoy plantear estas cosas no está de moda. Incluso hay sectores que lo ven mal para con el hisopo del desprecio hablar de beatería y cosas peores, de todo se oye cuando nos prestamos a escuchar. Con la llegada de diciembre, no sólo se inicia la temporada de luces y celebraciones, no lo dejemos sólo en eso, también aflora una mezcla compleja de emociones que afecta a la forma en que nos relacionamos con los demás y con nosotros mismos.
Me quedo con todas las tradiciones y costumbres que van ligadas íntimamente a la Navidad. Empezando por el Nacimiento que ya preside mi hogar y siguiendo por la Misa del Gallo, a la que no tengo intención de faltar. Llevo ya muchos días preparándome para poder gestionar todo lo que me espera esta Navidad. También la soledad que a veces se instala en mi vida poniendo distancia con los demás. Si estuviera ella, mi buena madre, todo sería más fácil. Ya estamos en diciembre. Pido perdón al lector, porque me he dejado llevar un poquito por estas cosas que van de la mente al corazón y viceversa.
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