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Opinión | Buena jera

Pagar para matar inocentes

OPINIÓN | Matar un niño, tanto; asesinar a una mujer joven, cuanto; reventar a tiros a un anciano, equis

Agujeros de bala en el muro de un edificio en Sarajevo.

Agujeros de bala en el muro de un edificio en Sarajevo. / ShutterStock

Suele suceder que lo urgente eclipse a algo más importante y lo mande al sumidero del anonimato del que es difícil rescatarlo. Ha ocurrido siempre, pero ahora se ha agudizado por obra y gracia de las redes sociales, del bombardeo continuo de noticias, bulos, mensajes, opiniones, broncas y un largo etc. Para eso están las innumerables tertulias que nos asaltan a diario. De modo que asuntos que uno creía relevantes y merecedores de críticas o elogios se quedan en el tintero o van a ese lugar oscuro de la memoria donde vegetan sin más.

A mí me ha pasado con un notición (y perdonen que use el superlativo) que me sorprendió y alarmó hace unas tres semanas. Al leer las primeras líneas me invadieron el rechazo, el cabreo, la indignación, el estupor y el dolor, todo a la vez y junto. Y me hizo desconfiar de la raza humana. O mejor dicho: de ciertos especímenes de esta misma raza, aunque uno procure estar todo lo lejos posible de gentuza así. Se trata de las informaciones, (al parecer más que fidedignas) que aseguran que hombres ricos italianos (hay quien apunta también a españoles) pagaron una buena cantidad de dinero para ir los fines de semana a Sarajevo, la capital de Bosnia cercada por los serbios, a matar a hombres, mujeres, ancianos o niños que trataban de protegerse donde y como podían de los francotiradores serbios. Por increíble que parezca, la "operación" tiene todos los visos de ser verdad. Y de hecho la Fiscalía de Milán ha abierto una investigación tras la denuncia efectuada por el escritor y periodista Enzo Gavazzeni, quien ha elaborado un documento de 80 páginas con datos relativos a esta barbaridad.

Los hechos sucedieron entre 1993 y 1995 cuando Sarajevo estaba cercada por fuerzas serbias apostadas en las colinas que rodean la ciudad. Desde allí, impunemente, sin peligro para ellos, disparaban contra la población indefensa obligada salir a la calle para comprar pan, agua y artículos de primera necesidad. Pues bien, hasta allí llegaban millonarios italianos dispuestos a protagonizar todo un safari humano. Previo pago, claro. Nada de cobrar, como los mercenarios o los soldados de fortuna, sino que soltaban una buena cantidad de monedas para apretar el gatillo y darse un gustazo. Una diversión como otra cualquiera.

Edin Subasic, miembro del Ejército de la República de Bosnia-Herzegovina en el que trabajó en la Inteligencia Militar, conoce bien aquellos trágicos episodios. Y ha hecho unas declaraciones que hielan la sangre y te remiten a salvajadas inconcebibles. Lean esta frase: "Lo más impactante fue descubrir que cada víctima tenía un precio". Es decir: matar un niño, tanto; asesinar a una mujer joven, cuanto; reventar a tiros a un anciano, equis. Subasic confía en que la Fiscalía de Milán intervenga y dé pasos definitivos. Afirma que en los archivos militares y en la antigua agencia de inteligencia de Italia se encuentran tanto su informe sobre el caso como las declaraciones de un joven prisionero serbio que fueron las que abrieron el proceso. Este chaval, voluntario de 19 años, contó que había llegado a Bosnia junto a otros compañeros y a un grupo de italianos que le contaron que habían pagado por ir a cazar bosnios a Sarajevo. Dijo también que llevaban buenos equipos de caza y armas caras. Viajaban en avión desde Italia a Hungría, luego por tierra a Belgrado, la capital de Serbia, y desde allí por helicóptero hasta las cercanías de Sarajevo. Todo con la complicidad de las fuerzas serbias que, incluso, les indicaban desde donde podían disparar mejor. Después del divertimento del fin de semana, vuelta a Italia a sus negocios y a cuidar de su familia.

Una ex alcaldesa de Sarajevo también ha elaborado un informe en el que incluye el testimonio de un norteamericano, bombero de Unprofor, que asegura que fue testigo de la "llegada de los cazadores". Todos esperan que la Fiscalía de Milán actúe. Y muchos esperamos que esos degenerados paguen por lo que hicieron. O al menos, que se sepan sus nombres.

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