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Opinión | El espejo de tinta

La mentira y el engaño

OPINIÓN | Qué importa una nueva mentira que se suma a las anteriores en este asunto, si con ella consiguen dar la patada hacia adelante para tratar de salir, sin prevaricación manifiesta, del callejón en el que están con la ZBE

Propuesta de la ubicación de la señalética específica en los accesos a la Zona de Bajas Emisiones.

Propuesta de la ubicación de la señalética específica en los accesos a la Zona de Bajas Emisiones. / Cedida

Leo en el diario El Mundo de ayer sábado una espléndida columna de Andrés Trapiello, en la que juega con los conceptos de mentira y engaño. Uno de sus hilos conductores: la principal cualidad y a la vez el mayor riesgo del mentiroso, no es la mentira en sí, sino la vocación de engañar que conlleva.

Trapiello se refiere a Sánchez y a esa incesante catarata de mentiras sistemáticas y sistémicas en que él y el Sanchismo han convertido la acción política y de gobierno, pero igual podríamos extenderlo a otros mentirosos menos sofisticados, más de andar por casa, como nuestro archivotado alcalde Guarido y su cohorte guaridista.

En un nuevo tirabuzón de su salto al vacío con la mentira de la zona de bajas emisiones nos dice, ahora, el concejal Novo, candidato a sucesor -aunque este juego ya lo hemos visto antes-, que aunque la ZBE se establezca no va a suponer prohibición de acceso para ningún vehículo al área determinada, la zona más vinculada comercial tradicional, salvo -he ahí la trampa- que se superen ciertos límites de contaminación.

Qué importa una nueva mentira que se suma a las anteriores en este asunto, si con ella consiguen dar la patada hacia adelante para tratar de salir, sin prevaricación manifiesta, del callejón en el que están después de una aprobación inicial sustentada sobre un informe plagado de fallos, cuando no falsedades. Anuncia que no habrá cámaras de vigilancia -tal vez porque como la alegación de FAVEZA ha puesto de manifiesto, el sistema de gestión y control sería inasumible económicamente-. Pero obvia que antes nos prometieron que atrincherar esas calles con centenares de bolardos era solo algo provisional que desaparecería con la llegada de las cámaras.

Importa no por la mentira, arma revolucionaria halagada por el marxismo, sino por la convicción de que servirá, aunque sea burda, para engañar a suficientes ciudadanos. Unos por buena fe y otros porque están deseando que los engañen para así poder seguir defendiendo a quien los gobierna. Aunque dice Trapiello que el abuso de las mentiras las desvirtúa y disipa, aquí, de momento, con la prensa y la oposición siguen funcionando. A Sánchez, ya menos.

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