Opinión
Vacío, que no pena
OPINIÓN | Todas las culturas han tenido vértigo al vacío, el "horror vacui" de los romanos, que ni siquiera tenían el cero en su numeración, porque era eso, la nada

Vacío, que no pena
Todas las culturas han tenido vértigo al vacío, el "horror vacui" de los romanos, que ni siquiera tenían el cero en su numeración, porque era eso, la nada. Y los cristianos, pese a su creencia en el más allá, abigarraban los tímpanos de iglesias y catedrales de figuras religiosas, pero también del zodíaco y zoomórficas, o portadoras de supersticiones por aquello del a Dios rogando y con el mazo dando, para que no cupiera el vacío.
Quizá de ahí venga el miedo que tenemos al vacío interior, que no es estar ni solo ni en soledad, sino sentir que nada ha servido para llegar a ninguna parte y, por lo tanto, nada habrá que pueda llevarnos a ningún sitio y mucho menos a lo soñado en las noches de duermevela. Es ese vacío que se viste de pena y tan bien versó Miguel Hernández: "Como el toro he nacido/para el dolor y la pena", como si fuera un mantra ante el que sólo cabe la resignación y la paciencia.
Pero ese vacío es más valioso de lo que parece, incluso necesario de vez en cuando, si no se está dispuesto a quedarse lamiéndose las cicatrices por lo pasado como el animal herido que espera la muerte. Indeseado, sí, pero valioso, porque en una sociedad plagada de tecnología y de instantaneidad, de estar siempre conectado y de prisa, de llenar hasta el hartazgo las redes de lo bien que estamos, de eso que se llama "postureo", como si cada día hubiese que levantarse ya aseado y con el ojo pintado y las arrugas ocultas, hay momentos en los que, pese a tanta exposición cara al público, pese a tanta sonrisa, el vacío interior, en su derrumbe, es necesario para echarte las cuentas, mirarte en el espejo sin maquillaje e intentar reconocerte más allá de todo aquella existencia que has dedicado a los demás, hayan sido agradecidos o no, porque en este ajuste de cuentas los demás no cuentan.
Y aún es más valioso por cuanto debajo de cada uno de los escombros interiores queda la paz que da haber hecho lo que se creía que había que hacer cuando había que hacerlo y ello permite abrazarse a parte, solo a parte, del pasado y extender los brazos a todo el futuro sintiendo que no es un hasta aquí, sino que es un estamos empezando cada amanecer, porque quizás aún no se han repartido las cartas de la mejor partida de nuestra vida.
Entonces uno se siente tan poca cosa que solo es uno mismo y, por tanto, la inmensidad de todo. Nada sobra y solo falta si es para compartir, que no es lo mismo que completar, y el vacío que parecía que había arrumbado con todo se yergue como una depuradora que va distribuyendo a un lado y a otro cada pieza de nuestra experiencia para dejar solo aquellas en las que realmente nos hemos sentido nosotros. Porque lo importante no es ser de una manera, ni que nos vean de una u otra forma, sino que nosotros nos reconozcamos y nos gustemos tanto como para pasear el resto del camino solos con nuestra sombra. Eso sí, siempre listos para que otra sombra se enrede con la nuestra, que, si no ha de ser así, bien camina el caminante solo con sus pasos.
Suscríbete para seguir leyendo
- El ministro Puente se entera ahora de que Zamora está a una hora en tren de Madrid
- Junta y Opas apremian al Gobierno a que "haga los deberes" para agilizar el control del lobo en Castilla y León
- El adelanto del tren de Lugo, solución que baraja Puente para Sanabria
- El porcino zamorano acusa el golpe de la PPA: 'La carne de cerdo es segura, no nos abandonen
- El joven que mantiene en alerta a Carbajales, a punto de ir a la cárcel
- Fallece Ángel García, ex jugador del Zamora CF
- Pillado 'in fraganti' en una vivienda de Zamora cuando intentaba robar: fue retenido por el propietario y varias vecinas
- El traslado de tres monjas dejará sin actos religiosos a decenas de pueblos en esta comarca zamorana
