Opinión | Religión
Titulitis de la virgen
RELIGIÓN | Al escribir estas líneas acabo de enterarme de que el término "titulitis" –tan simpático como crítico– está recogido en el Diccionario de la Real Academia Española

Un irani camina por el interior de la estación del metro de Teherán dedicada a la Virgen María. / Abedin Taherkenareh / Efe
Al escribir estas líneas acabo de enterarme de que el término "titulitis" –tan simpático como crítico– está recogido en el Diccionario de la Real Academia Española, subrayando lo relativo a estudios y conocimientos. Aquí, sin embargo, me refiero a otros títulos: los que los cristianos han utilizado a lo largo de la historia para adornar con cariño y honor a María, la Madre de Jesús. Una cuestión que puede parecer de poca importancia pero que en los últimos días ha levantado una gran polvareda dentro de la Iglesia católica con motivo de la publicación de un documento de la Santa Sede sobre las palabras que se utilizan para mostrar el papel de la Virgen María en la obra de la salvación, protagonizada por su Hijo. El problema está en el uso de términos como "mediadora" y "corredentora", con sus respectivos defensores y detractores.
No me voy a meter en el contenido del escrito ni en la intensa discusión que ha provocado. Para opinar sobre esa nota doctrinal (se titula "Mater populi fidelis"), lo mejor es leerla –e invito a hacerlo, claro–. Y que haya discusión, no me parece mal. Aunque mejor sería el diálogo: con toda la crítica que se quiera, si es constructiva. Pero diálogo. Sin vociferar ni atacar. Así debería hacerse en la Iglesia. ¡Y en todo el mundo! Yo quiero fijarme, en cambio, en cómo la intención buena y saludable –desde el cariño, repito– de tantos creyentes, en estos veinte siglos, a la hora de dirigirse a la Virgen puede degenerar en una obsesión malsana de ensalzarla tanto que quede convertida en una especie de diosa. Algo posible tanto en las palabras como en las actitudes.
Yendo hacia atrás en el tiempo, podemos fijarnos en los títulos utilizados por la Iglesia en su oración. En el repaso podemos ver cómo María es llamada madre de Dios, nuestra señora, reina, abogada nuestra, virgen fecunda, puerta del cielo, estrella del mar… y un montón de metáforas que dieron lugar, allá por la Edad Media, a las conocidas como "letanías lauretanas", a modo de acopio de flores y piropos. Dando un paso más atrás, cabe preguntarse si Cristo –que a ella la llamaría "madre" o "mamá" en arameo, su lengua materna (nunca mejor dicho)– enseñó a sus seguidores cómo dirigirse a ella. Creo que sí: estando en la cruz, el recado al discípulo amado fue bien directo: "ahí tienes a tu madre". Tu madre. Nada más y nada menos.
Por último: ¿en algún lugar podemos encontrar un título utilizado por ella misma? Sí: cuando recibió la visita del ángel Gabriel, el evangelista Lucas narra que la joven contestó a la misión encomendada presentándose simplemente como "la esclava del Señor". Por lo tanto, hay líneas claras marcadas para evitar una titulitis impropia para el lenguaje de la fe al referirse a la Madre de Cristo y Madre del pueblo fiel, alejándose de vaporosas idolatrías y exageraciones poco saludables.
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