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Opinión

Cara y cruz de la movilidad

EDITORIAL | El Gobierno de España mantiene dos estaciones de trenes sin trenes mientras la Junta se propone facilitar a los vecinos el transporte en autobús por la región

Viajeros en la estación de tren de Zamora.

Viajeros en la estación de tren de Zamora. / Archivo

Son la cara y la cruz de la movilidad. Mientras el Gobierno de España mantiene en la provincia de Zamora dos estaciones de trenes sin trenes, la Junta de Castilla y León se ha propuesto facilitar a los ciudadanos el transporte por la región y que la experiencia pueda resultar incluso agradable. Primero fue la bienintencionada, aunque torpe, implantación de la tarjeta Buscyl que ofrece gratuidad total en los trayectos regionales en autobús y que en Zamora ya ha movilizado más de 8.000 viajes. Y esta misma semana se ha anunciado una transformación integral de la estación de Cantero Villamil, que aspira a ser referencia en una red autonómica cuyo lavado de cara está siendo generalizado. Dos medidas que contrastan con la mutilación de líneas y el desprecio de Renfe hacia un territorio que ha demostrado con creces, y también con datos, que cuando hay alternativas de transporte público siempre son utilizadas de manera mayoritaria.

Treinta y cinco años contemplan a la estación de autobuses de Zamora, cuya deriva, como suele ocurrir con este tipo de inmuebles, ha terminado en poco menos que una guetificación del espacio. Pasillos vacíos, tiendas cerradas, baños sucios, dársenas inhóspitas y poca gana de esperar el coche de línea a la intemperie por más de cinco minutos. El futuro de la movilidad va por otros derroteros. La humanización de los servicios gana terreno y ahí también entra hacer más agradable la experiencia del transporte público desde antes de ocupar el asiento.

La Junta de Castilla y León, en estrecha colaboración con el Ayuntamiento de Zamora, que es quien cede el edificio, quiere dotar a la capital de una infraestructura moderna, funcional y adaptada a las necesidades actuales de los viajeros. El espacio para las dársenas, sobredimensionado a todas luces, será reorganizado por completo y se creará una zona de espera a cubierto para hacer menos incómoda la experiencia. La imagen arquitectónica, de escaso valor, mudará su piel y se construirán un aparcamiento y una zona comercial en superficie. Es decir, que se trata no solo de remozar una vieja estación de autobuses, sino de dotarla de vida.

A lo largo de la última década, los diferentes gobiernos nacionales del bipartidismo sacaron adelante la línea ferroviaria entre Madrid y Galicia, con paso obligatorio por esta tierra, cacareando que Zamora era siempre una de las provincias con mayor inversión en los Presupuestos Generales del Estado. Sin embargo, el tiempo y las decisiones políticas camufladas de técnicas han dejado cristalino que ninguno de esos millones iba realmente destinado al bienestar de los zamoranos.

El anuncio del proyecto para la nueva infraestructura de la capital zamorana ha llegado en la misma semana en que se ha dado por finalizada la obra de remodelación de la estación de Benavente, nudo estratégico para el transporte de mercancías, pero también de viajeros. El segundo núcleo más importante de la provincia cuenta ya con un espacio moderno que facilitará la vida a los pasajeros que tienen en esta ciudad su punto de partida, de llegada o de intermedio.

Los zamoranos, por lo tanto, tendrán en su mano la posibilidad de viajar de manera gratuita dentro de los límites de la comunidad autónoma, conectándose además con estaciones del siglo XXI que no den miedo. Y es que, tras una salida a trompicones y varios meses tratando de alcanzar estabilidad, el proyecto Buscyl comienza a dejar atrás la zozobra para convertirse en lo que siempre fue su aspiración: un ejemplo de lo que debe ser la movilidad sostenible del futuro, con inversión y servicio dándose la mano.

A lo largo de la última década, los diferentes gobiernos nacionales del bipartidismo sacaron adelante la línea ferroviaria entre Madrid y Galicia, con paso obligatorio por esta tierra, cacareando que Zamora era siempre una de las provincias con mayor inversión en los Presupuestos Generales del Estado. Sin embargo, el tiempo y las decisiones políticas camufladas de técnicas han dejado cristalino que ninguno de esos millones iba realmente destinado al bienestar de los zamoranos.

Apenas son 200 metros los que separan las estaciones de autobús y tren de la capital, pero la brecha entre ellas es hoy más grande que nunca. Mientras la primera da un paso hacia la modernidad y la calidez para el usuario, la segunda pierde actividad y rutas en su camino inexorable hacia convertirse en un no-lugar. Bonito, pero sin alma. La faz y el envés de la movilidad.

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